Columna de Reporteros

Gustavo Gorriti, director de IDL-Reporteros (Foto: Ronald Martínez Pancevic).

Reproducción de la columna ‘Las palabras’ publicada en El País el 20 de noviembre de 2017.

“¡Que no hable…!”

Conforme se acerca el fin de año, queda más claro que el caso Lava Jato en Hispanoamérica está por alcanzar el punto de inflexión. La pregunta ahora es cuán complejo será el desenlace. Un ejemplo elocuente de cómo ha cambiado el escenario ocurrió hace pocos días en Curitiba, la capital continental, digamos, del caso Lava Jato. Tres fiscales peruanos llegaron a esa ciudad para preguntar al encarcelado Marcelo Odebrecht sobre anotaciones entre abreviadas y crípticas encontradas en su teléfono móvil cuando lo capturó la Policía Federal, en 2015.

Hay ahí un par de líneas pequeñas con la fuerza suficiente como para provocar una tormenta política en el Perú. ¿Qué quería decir, por ejemplo, “Anuncio Kuntur agora bom para Peru/AG, etc.”?, ¿Y qué expresaba con el “Aumentar Keiko para 500 e eu fazer visita (ex: Venez). Humala?…” El ex presidente Humala está en prisión preventiva (para muchos desproporcionada) en relación con el caso, ¿pero Keiko Fujimori? Ella había declarado ya más de una vez, en el tono imperioso que la caracteriza desde su derrota en 2016, que ni conocía a Odebrecht ni había recibido un centavo de él o de su compañía. Así que alguien no decía la verdad.

"Todos los presidentes que ha tenido el Perú este siglo aguardan la confesión detallada de Jorge Barata".

Un nuevo y enérgico fiscal, José Domingo Pérez Gómez, se hizo cargo de la investigación y superó intentos internos de frenarla antes de viajar a Brasil a interrogar a Marcelo Odebrecht para que explique sus notas.

Marcelo Odebrecht iba a negarse a declarar. Pero, signo de la sorprendente evolución del caso, los abogados corporativos de la corporación Odebrecht se unieron a los esfuerzos de los fiscales peruanos y del fiscal federal brasileño Orlando Martello para convencerlo de que hablara.

Y vaya que habló. En cuatro horas de declaración, Marcelo Odebrecht contó mucho más de lo preguntado. Dijo que el AG de esa nota era Alan García; y que el “aumentar Keiko para 500 e eu fazer visita” se refería a aumentar 500 mil dólares respecto de un aporte previo a la finalmente fallida campaña presidencial de Fujimori el 2011.

La audiencia era formalmente secreta, bajo el acuerdo de que la fiscalía brasileña retendrá la información hasta que se solucionen problemas pendientes sobre inmunidad en el Perú. Eso, por supuesto, energizó las filtraciones selectivas. Al día siguiente, el diario El Comercio publicó en portada una filtración sobre lo que dijo Odebrecht respecto de Keiko Fujimori. La reacción fujimorista fue furibunda. La propia Keiko Fujimori publicó un vídeo destemplado y amenazador, prometiendo una demanda judicial contra El Comercio. El diario se ratificó en su versión. Fue la última de varias acciones agresivas del fujimorismo (exigencia de boicot publicitario contra la revista Caretas por una sátira; acusación contra cuatro miembros del Tribunal Constitucional; proceso para destituir al fiscal de la nación; intento de forzar al presidente Kuczynski para concurrir a una comisión presidida por ellos), contra otros poderes del Estado, hoy medio avasallados pero no del todo sometidos… y contra la prensa.

Esta vez las amenazas no funcionaron bien. El fiscal de la Nación reaccionó con energía y ni siquiera el reiteradamente sumiso Ejecutivo hincó hasta ahora la rodilla. Lo más importante fue que un par de días después salieron a la luz casi todos los datos importantes de la elocuente confesión de Marcelo Odebrecht, quien dijo que:

—Había contribuido con dinero a la campaña de Keiko Fujimori en 2011. Que su nota se refería a 500 mil dólares más sobre un aporte previo.

—Que el ex presidente Alan García los había convencido de participar en varias obras importantes; que ellos le habían pagado luego por dar conferencias;

—Que después de una relación inicialmente difícil, Odebrecht había contratado como consultor financiero a Kuczynski en la primera década de este siglo, cuando este dejó de ser ministro del entonces presidente Toledo. PPK lo negó luego.

Odebrecht añadió en cada caso que su entonces superintendente en el Perú, Jorge Barata, tenía la información completa. Como dijo un funcionario de la corporación: “Marcelo conoce el bosque, Barata conoce el árbol”. Ahora que, sin excepción, los presidentes que ha tenido el Perú este siglo están implicados en el caso, acompañados por Keiko Fujimori, todos aguardan la confesión detallada de Jorge Barata. Bueno, casi todos.

En una caricatura publicada hace pocos días en La República por el célebre Carlín, Barata se apresta a dar un discurso de banquete ante una mesa redonda en la que están sentados Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala, Keiko Fujimori y Pedro Pablo Kuczynski. Todos baten palmas contra la mesa mientras corean: “¡Que no hable, que no hable!”. Pero eventualmente hablará.

Publicado el lunes 20 de noviembre, 2017 a las 12:34 | RSS 2.0.
Última actualización el lunes 20 de noviembre, 2017 a las 12:55

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