Mi amiga Ayalde

Fernando Lugo y la entonces embajadora estadounidense en Paraguay, Liliana Ayalde (Foto: Embajada de los Estados Unidos en Paraguay).

Inicio de agosto de 2012. En el celular blackberry del ya ex presidente Fernando Lugo brilla un mensaje cariñoso enviado por Liliana Ayalde a su email personal. “Espero que esté bien. Votos por su mejoría”. Lugo conversaba con esta reportera sentado en el sofá del lobby del hotel Tripp, en São Paulo, donde estaba hospedado para seguir el tratamento del cáncer linfático que lo atacó en 2010. De ahí el mensaje de Ayalde.

Sustituída en la embajada en 2011 –había asumido el cargo 4 días antes de la asunción de Lugo–, Liliana subió en la jerarquuía y hoy es reponsable para el Caribe, América Central y Cuba en el Departamento de Estado de Hillary Clinton. “Ella es mi amiga. Quiero decir, era mi amiga…”, dice Lugo, en tono vacilante. “Bueno, ella me salvó. En los documentos de Wikileaks de Paraguay se ve que muchos líderes de la oposición iban a pedirle que me sacase del poder”.

Un relato de diciembre de 2008 muestra cómo, apenas quince días después de la asunción, Ayalde escribió sobre “un torbellino de rumores y noticias exageradas en la presa” sobre un golpe de Estado. Las informaciones venían de una reunión entre Lino Oviedo, Nicanor Duarte y el entonces presidente del Senado, Enrique Gonzalez Quintana, tambien del partido Unace. Escribió Ayalde: “Gonzalez Quintana hizo numerosas tentativas de contactar a la embajadora el 1 de septiembre, cuando la historia se filtró. Conciente de la voluntad de los paraguayos de meter a los EUA en sus disputas internas, ella no respondió los mensajes”. El cable lleva el título “Rumores de golpe: apenas un día normal en Paraguay”.

Tres días antes, Lugo había comido con Ayalde en su residencia, donde le dijo querer mantener reuniones “oficiales y no oficiales, de manera discreta”, de acuerdo con el documento de WikiLeaks. Entre comentarios personales –contó que le gustaba caminar al amanecer en la residencia, oír música y que tocaba  la guitarra– utilizó la ocasión para poner a prueba la postura de la nueva embajadora. “Lugo constató que fue una práctica frecuente en la historia del Paraguay que la embajada se entrometiese en los asuntos internos”, relata Ayalde. “La embajadora agradeció por la observación y aseguró que estilos diferentes son apropiados para tiempos diferentes, pero que su intención era respetar la soberanía de Paraguay y garantizar el éxito del entonces presidente”.

Un año después, el secretario adjunto del Departamento de Estado para el hemisferio, Arturo Valenzuela, reiteró el apoyo al gobierno de Lugo. En visita al país, después de oír un torrente de críticas de los parlamentarios y comentarios sobre el impeachment pendiente –con la debida explicación de que no se trataría de un “golpe”–, Valenzuela terminó con las habladurías. “Valenzuela comprendió que un proceso constitucional de impeachment no es igual a un golpe, pero advirtió que Paraguay no debería usar el impeachment como un mecanismo para resolver problemas de corto plazo sin considerar cuidadosamente las consecuencias”, relata otro cable, del 31 de diciembre de 2009.

La misión diplomática norteamericana, claro, jamás cerró totalmente las puertas a las voces que pedían repetidamente la destitucion de Lugo. Muchas veces los líderes de la oposición eran fotografiados por la prensa al salir, orgullosos, de reuniones en la embajada. Pocos integrantes del gobierno llamaban; uno de ellos, un fervoroso general nacionalista, fue el único en protestar vehementemente. Cayó.

 

Cae el ministro de Defensa

El general Bareiro Spaini, a la izquierda de Fernando Lugo, cuando era su ministro de Defensa (Foto: Diario Ultima Hora).

Es muy difícil señalar el momento exacto en que el frágil equilibrio de los apoyos al gobierno de Lugo se desmoronó. Pero pregunte a un general retirado, de ojos pequeños y gestos enfáticos, y él precisará el mes de febrero de 2010 como el comienzo del fin.

Bareiro Spaini fue el elegido de Lugo para asumir el Ministerio de Defensa en su frágil gobierno. Ya en la reserva, Spaini contaba con una elevada reputación no sólo entre los militares, sino también entre los civiles –fue el primer juez de un tribunal militar, en Paraguay, en condenar a prisión a otro general por corrupción. Era él quien aparecía al lado del presidente por cadena nacional, junto a los comandantes militares, en las repeticas ocasiones en que los rumores de impeachment ganaban fuerza.

El general, como Lugo, vivía a las piñas con los parlamentarios paraguayos, habiendo perdido la cuenta de cuántas veces fue convocado al Congreso para una interpelación. Cuando vuelve a relatar la história, conserva todavía una irritación profunda. “Me interrogaron en el Congreso muchas veces”, dice Spaini. “Me llamaron por causa de la llegada de un avión venezolano al aeropuerto sin haber pasado por los registros oficiales. El ministro de Defensa también fue al Congreso para eso; no importa se tenía o no responsabilidad en el asunto. Una vez, me pidieron explicaciones sobre una joven que fue muerta del lado brasileño y luego llevada al lado paraguayo de la frontera… Y me preguntaron por una banda militar de una ciudad donde se cerró un cuartel, ¡por qué la ciudad fue dejada sin su banda!”.

La tempestuosa relación con los parlamentarios, relata Spaini, tuvo su inicio en una comida con los presidentes de las comisiones de Defensa del Senado, el colorado Hugo Estigarribia, y de la Cámara, Mario Morel Pintos. “Uno de ellos me preguntó: ‘¿Qué piensa de los norteamericanos?’ Me gusta el pueblo norteanericano, son gente buena, amable. ‘¿Y qué piensa de aliarnos a los norteamericanos?’ Pienso que no es posible, racionalmente hablando, a raíz de la asimetría pronunciada entre nuestros países. ¿Qué les importaría a ellos, una superpotencia, qué tipo de alianza estratégica tienen con Paraguay? A no ser que fuesen a establecer una base aquí. ¿Por qué me preguntan? ‘Porque pensamos que sería interessante invitarlos a que vengan a instalar sus bases aquí”.

Spaini –conocido por no medir sus palabras– quedó profundamente ofendido con la sugerencia: “Entonces, dije, ¿de qué soberanía nacional estamos hablando si el propio Estado paraguayo no está en condiciones de defender a su pueblo, a su propio territorio? ¿En qué condiciones quedaría el glorioso ejército paraguayo, como usted dice? No tendría sentido su existencia. ¿Es eso que lo ustedes quieren?”, vociferó el ministro. La relación se agrió a partir de allí.

Mucho más allá de la acalorada palabrería, la disputa era profunda y marcaría todo el gobierno de Lugo. Spaini era abiertamente favorable a la formación de la Unasur y de una alianza militar regional, en detrimento de una continuada aproximación militar con los Estados Unidos y Colombia –fue responsable del fin de un programa de entrenamiento que permitía la presencia de militares norteamericanos en Paraguay. “La mejor manera de desalentar cualquier posibilidad de conflicto regional es incrementar la colaboración”, explica.

El mandato del incómodo ministro tuvo fin dos años después, con otro arrebato típico del general. Mientras políticos opositores –y liberales—continuaban intentando buscar apoyo para el impeachment en la embajada norteamericana, Bareiro fue el único ministro en protestar vehementemente.

El detonante llegaría el 19 de febrero de 2010. Invitado a un almuerzo oficial realizado en la embajada norteamericana, el ministro envió a su viceministro, general Cecílio Pérez Bordón. Lugo no estaba presente. En la mesa, la anfitriona Liliana Ayalde reunió a un grupo de generales norteamericanos que visitaban el país, un general de las fuerzas armadas paraguayas, el vicepresidente Federico Franco y el senador colorado Hugo Estigarribia. Según el relato de Spaini, la embajadora planteó el asunto. Spaini relata: “Franco, el senador y otro civil reclamaron por las actitudes del ministro de Defensa. Después se pasó al tema del juicio político al presidente. Y los militares ahí, solamente escuchando. Entonces, el viceministro intervino, en guaraní, diciendo que sería interesante cambiar de tema, discutir de estas cuestiones domésticas en otro lugar, pues era una embajada extranjera…”.

Al salir del almuerzo, consternado, el viceministro de Defensa habría dicho a la embajadora: “Nunca la pasé tan mal en un almuerzo como en este. Te informo que, lamentablemente, no volveré a pisar aquí”.

Poco después, Spaini escribió una carta ofendida expresando su “inesperada sorpresa, próxima al increíble asombro”, diciendo que el evento podría poner en riesgo las relaciones entre los gobiernos de Paraguay y los Estados Unidos. Escrita en español, la carta fue enviada a la embajada norteamericana con copias al Comando Sur de las Fuerzas Armadas Americanas y al Pentágono. “En particular, resultan inadmisibles e intolerables las palabras de sentido panfletario y demagógico sobre ‘la pésima gestión administrativa del Presidente Fernando Lugo que lo hace merecedor de un urgente e innegociable juicio político’”, decía la carta.

En algunos días, la carta se filtró a la prensa. “Grosera carta del ministro a la embajadora de EEUU”, decía el periódico conservador ABC Color, que la publicó íntegra. Dentro del gobierno, el vicepresidente y los ministros liberales espumaban de rabia por la ofensa a la representante norteamericana. Lugo contemporizaba. “La embajadora, después de unos días, afirmó que era una cuestión personal, que todo estaba superado… Pero el senador (Estigarribia) insistió en que se ofendió a la embajadora, que se ofendió a un país amigo, que pasé los límites…”, recuerda Spaini. “Aquí fueron más papistas que el Papa”.

La gestión de Spaini duró apenas cinco meses tras el episodio. Bajo presión del Congreso –que se negó a aprobar el presupuesto militar–, el general renunció. “Renuncié contra la voluntad del presidente”, dice Spaini. “Yo le dije que la única salida para esa situación era mi salida, para no comprometer a su gobierno. Y dije, en entrevistas a una radio, que yo estaba convencido de que se apuntaba al presidente de la República, y que el próximo sería él”.

En conversación con Pública en su casa, el general Cecílio Pérez Bordón – que asumió la cartera de Defensa tras la salida de Spaini—no quiso comentar el fatídico almuerzo: “Es un asunto ya terminado”. La primera visita invitada por él al gabinete fue la misma Liliana Ayalde. “Continuamos trabajando, haciendo sociedad con ellos”.

¿Pero y la promesa de no poner el pie nunca más en la embajada? “Jamás pisé de nuevo”.

 

Siguiente: Curuguaty: matanza en un estado de frontera

Pages: 1 2 3 4 5

Publicado el viernes 07 de diciembre, 2012 a las 20:54 | RSS 2.0.
Última actualización el lunes 08 de septiembre, 2014 a las 19:07

3 comentarios

  1. Carlos Hurtado dice:

    No es un signo de religiosidad el andar regando hijos naturales por el mundo, sin reconocerles siquiera una pensión de alimentos. Lugo es un mal hombre a quien, de aplicársele la ley, los barrotes de una cárcel se convertirían en habituales vecinos.

  2. Jorge dice:

    Felicitaciones por el informe, esta clarito que fue un golpe de estado claro para sus intereses de esos politicos y empresarios corructos de ese pais ojo que que los eeuu estan tambien involucrados y que solo para sus afines de sus intereses propios a ellos no les interesa su pueblo.
    y esto puede pasar en nuestro pais o en algun pais de latino america lo cual debemos estar en alerta.
    y que el pueblo paraguayo eliga en estas elecciones un presidente y que lo defiendan por la democracia del pueblo.

  3. rosa dice:

    Es lamentable lo que pasó y sigue pasando y es eso lo que buscan los políticos corruptos y también algunos medios de comunicación.

Deje un comentario

Web por: Frederick Corazao

Untitled Document