Reportaje de Agência Pública, de Brasil

Paraguay: El obispo y sus tiburones

Primera entrega

Foto
Acompañado por sus ministros en la tarde del 21 de junio de este año, Fernando Lugo lee el mensaje en el que acepta someterse a juicio político.
La destitución del presidente paraguayo Fernando Lugo por el Congreso de esa nación, luego de un ‘juicio político’ de fulminante rapidez fue la mayor crisis política en Sudamérica este año.

En Brasil, Agência Pública, la publicación digital de periodismo de investigación, [como lo es aquí IDL-R] publicó recientemente un largo y pormenorizado reportaje sobre ese hecho.

IDL-Reporteros publicará hoy y la siguiente semana las tres entregas del reportaje realizado por la periodista Natalia Viana.


Natalia Viana
Por Natalia Viana (Agência Pública) (*).-

El miércoles 22 de agosto, pocas cosas recordaban en Asunción, capital de Paraguay, la destitución del presidente en un juicio relámpago que dos meses antes sorprendió a todo el continente. Grupos de hombres jugaban dominó en la Plaza de la Democracia, vendedores ambulantes ofrecían cambiar dólares y estudiantes de uniforme iban y venían de los colegios en caserones coloniales; aparte de algunas pintadas en los muros que llamaban al actual presidente, Federico Franco, golpista –“las paredes hablan”, decía una de ellas–, la vida seguía su ritmo normal.

En la sede del movimiento Frente Guazú, coalición de izquierda que integraba el antiguo gobierno, el clima no era muy diferente. Cada miércoles el presidente depuesto, Fernando Lugo, acostumbraba tomarse el día; entonces no había allí el acostumbrado entrar y salir de ex ministros que aún se reunen diariamente con el ex jefe para planear una candidatura para las elecciones presidenciales de abril de 2013. Fue apenas por una decisión de última hora que se improvisó una grabación de un “comunicado a la nación” transmitido por Internet, una especie de continuación del discurso semanal que Lugo realizaba en la TV Pública cuando era presidente.

Sentado en su pequeño escritorio en el entrepiso del caserón –del otro lado de la calle queda la residencia presidencial, ocupada por su ex vice—y delante de la bandera paraguaya, Lugo se hallaba relajado, con una informal camiseta roja y sandalias de cuero, bromeando con su equipo y la reportera de Pública, que esperaba para la tercera de las tres entrevistas que tuvo con el ex presidente. “Hoy hace dos meses que se ejecutó en Paraguay un golpe de Estado parlamentario… Un golpe de Estado que no tuvo en cuenta la democracia participativa, no tuvo en cuenta su voto, su participación, su dignidad”, decía, apuntando hacia la cámara.

A pesar de haber sido el último presidente latinoamericano destituido de su cargo, en un juicio político que duró menos de 24 horas, clasificado como golpe institucional por organizaciones regionales como el Mercosur y Unasur, Lugo permanecía, como permaneció durante la mayor parte de su gobierno, desconcertantemente tranquilo. “Yo lo veo muy bien”, comenta el militar que es su escolta personal desde la época de la presidencia. “Parece que hasta está menos preocupado…”.

El impeachment a Fernando Lugo comenzó a ser tramado en 2008. Sin pruebas, la destitución debía de "servir de lección a los futuros gobernantes".

Durante cuatro años, Lugo gobernó con el parlamento más arisco de América Latina — apenas 3 diputados de 80 y 3 senadores de 45 eran del Frente Guazú–, contando sólo con una frágil alianza con el Partido Liberal de su vice. “No teníamos cuadros, no teníamos apoyo político, era sólo confrontación”, resume, melancólico, en una tarde calurosa en su residencia de la capital paraguaya. “Cuando me eligieron en 2008, pensaron que me tendrían como a un bufón de ellos, pero yo me niego”, dice, refiriéndose a los liberales, la segunda mayor fuerza política del país. Entre frases pausadas, suspira: el poder, de hecho, nunca fue totalmente suyo. “Yo sabía que terminaría así”.

Representante de la Teología de la Liberación, Fernando Lugo era conocido como el “obispo de los pobres” hasta que renunció a los hábitos en 2006. Obispo de la diócesis de San Pedro, una de las regiones más pobres del país, coordinaba las comunidades eclesiásticas de base y trabajaba directamente con los movimientos campesinos y sin tierra. Al optar por la política, fue suspendido por la iglesia católica, pero siguió su trayectoria siempre cargado de religiosidad, aunando un aura católica con un discurso progresista en favor de los campesinos y de la redistribución de la riqueza. La popularidad lo cosagró y el Partido Liberal, arraigado en todo el país, proveyó la estructura, abrazando una oportunidad única de finalmente llegar al gobierno; la alianza, mientras tanto, sería arenosa.

Lugo venció por diez puntos porcentuales, poniendo fin a 60 años de dominio del Partido Colorado, el mismo del antiguo dictador Alfredo Stroessner.

 

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Publicado el viernes 07 de diciembre, 2012 a las 20:54 | RSS 2.0.
Última actualización el lunes 08 de septiembre, 2014 a las 19:07

3 comentarios

  1. Carlos Hurtado dice:

    No es un signo de religiosidad el andar regando hijos naturales por el mundo, sin reconocerles siquiera una pensión de alimentos. Lugo es un mal hombre a quien, de aplicársele la ley, los barrotes de una cárcel se convertirían en habituales vecinos.

  2. Jorge dice:

    Felicitaciones por el informe, esta clarito que fue un golpe de estado claro para sus intereses de esos politicos y empresarios corructos de ese pais ojo que que los eeuu estan tambien involucrados y que solo para sus afines de sus intereses propios a ellos no les interesa su pueblo.
    y esto puede pasar en nuestro pais o en algun pais de latino america lo cual debemos estar en alerta.
    y que el pueblo paraguayo eliga en estas elecciones un presidente y que lo defiendan por la democracia del pueblo.

  3. rosa dice:

    Es lamentable lo que pasó y sigue pasando y es eso lo que buscan los políticos corruptos y también algunos medios de comunicación.

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