Reportaje de Confidencial, de Nicaragua

Los desplazados del Canal

Recorrido por 278 kilómetros del proyecto: incertidumbre y angustia de campesinos

Foto
(Fotos: Confidencial)

La intención, traducida en proyecto, de construir un canal interoceánico de Nicaragua, ​para competir con el de Panamá, ​es ciertamente un tema de clara proyección ​latinoamericana.

En una investigación previa​, la prestigiosa publicación​ Confidencial, de Nicaragua, ​expuso ​detalles reveladores sobre la empresa china ​(y su dueño) a quienes el ​gobierno de Daniel Ortega encargó ​la megaobra: HKND, encabezada por el ​pintoresco magnate Wang Jing, empresario​, cuya​ suite ejecutiva ​tiene como incongruente adorno ​pinturas de Mao​ durante la épica de la Revolución China​. ​Confidencial también exploró, por cierto, el irregular contrato de concesión otorgado por el gobierno de Daniel Ortega.

IDL-Reporteros reproduce hoy ​una nueva entrega de la investigación​ de Confidencial,​ sobre las más de 100 mil personas ​que serían ​afectadas, y en particular sobre la población ​en peligro de ser desplazada para dar paso a la construcción. ​La ansiedad de la gente ha provocado 47 marchas campesinas en contra del proyecto.

 

Texto de Wilfredo Miranda Aburto | Fotos de Carlos Herrera | Coordinación y edición: Carlos Salinas Maldonado.- (*)
Ver reportaje original en Confidencial.

I. La inseguridad en Rivas: de Brito a Ometepe

Brito, la puerta en el Pacífico

Genaro Bustos García deja de descascarar los tamarindos. Hace un ademán de resignación con los hombros y salta del tablón. El retumbo de las olas explotando en las costas de Brito, en el Pacífico de Rivas, no cesa. El sol cae con aplomo desde el cielo azulado, pero solo unas cuchilladas de luz atraviesan la frondosa arboleda de tamarindos cuyos frutos marrones estos hombres se apuran a recoger y a pelar para vender a 300 pesos el quintal.

— Yo vivo en Río Grande, un pobladito de aquí, de Brito. Los chinos vinieron hace meses a medir mi casita — narra Genaro, mientras otro de sus compañeros de recolección apunta al sitio donde vio a los ingenieros asiáticos de HKND, utilizando aparatos sofisticados, midiendo esta playa que será la puerta en el Pacífico del proyecto del Canal Interoceánico, una mega-obra de ingeniería cuyo concesionario es el empresario chino Wang Jing, con un costo que asciende a más de 40 mil millones de dólares.

Las expediciones de HKND para medir terrenos y propiedades fueron comunes en la ruta afectada por el paso interoceánico, al igual que en los lugares en los que el concesionario ha proyectado los sub proyectos canaleros. El poblado de Río Grande está ubicado a pocos kilómetros al noreste de las costas doradas de Brito. Los días aquí parecen un Viernes Santos perpetuo: la polvareda caliente pica al estrellarse con la piel y nada, más que las hojas de los árboles, pareciera moverse por el vaho ardiente. Esta geografía cambiaría radicalmente, pues aquí será construida la exclusa Brito. Brito forma parte del municipio de Tola, donde según un estudio de la Red de Desarrollo Local, se verían afectadas por este proyecto 7,117 personas, incluyendo poblaciones localizadas en la ruta y en los subproyectos.

—Yo he oído desde hace varios años del Canal, pero nunca había pasado eso, de que son los chinos los que se quieren adueñar de Nicaragua— reniega Genaro—. Y usted sabe que eso no es así. Uno está acostumbrado a vivir donde uno nació, y cómo va ir a rodar en otro lado. Nadie está de acuerdo por donde quiere pasar eso. Yo sería uno de los afectados en Río Grande.

María Nicolasa García se había acercado a los hombres agachada, recogiendo el abundante tamarindo que tapiza la arena de mar. El olor agridulce del fruto se mezcla con el salitre cuando se pisan; es un aroma dulzón y áspero a la vez. A sus 66 años, el trabajar en cuclillas no parece ser un problema para María, de hablar impetuoso.

—Yo mejor estoy en mi lugar y no queremos ningún Canal, porque estamos hechos donde estamos, así viva en una lomita. Allí voy a pasar tranquila los últimos días que Dios me está dejando.

El repudio a la obra canalera fue patente en toda la ruta recorrida. Los afectados directos e indirectos eran tajantes en sus respuestas: “No queremos Canal, ni expropiaciones”. La ley canalera, conocida como “la 840”, establece en su artículo 12 la expropiación de cualquier propiedad que el concesionario Wang Jing considere necesaria para desarrollar el proyecto. El afectado no puede refutar la decisión, únicamente discutir el precio de la indemnización. Y el precio a pagar, según la normativa, será el de catastro, inferior al de mercado.

Esta disposición ha enfurecido a los potenciales afectados, tanto así que han realizado 46 marchas contra el Canal. Una encuesta independiente sobre el mega proyecto, realizada por la Universidad de Vanderbilt, de Estados Unidos, concluyó que 91.3% de los nicaragüenses no está de acuerdo con las expropiaciones. El rechazo se intensifica mientras más cerca se vive del paso interoceánico.

“El público nicaragüense no está convencido de que el gobierno tiene el derecho de expropiar, ni siquiera en nombre del interés nacional, si los propietarios no están de acuerdo”, refirió la encuesta.

Ligia Lara, quien también se dedica a “tamarindear”, sostiene que no vale pena vender las propiedades ni al mejor precio.

—¿Qué remediamos que nos paguen bien si tenemos que empezar de nuevo a gatear, a hacer sacrificios, para comprar terreno, hacer nuestras casas, todo eso? Usted sabe que la vida está dura.

Vista panorámica de las costas de Brito, donde entraría el Canal. (Foto: Carlos Herrera/Confidencial)

Vista panorámica de las costas de Brito, donde entraría el Canal. (Foto: Carlos Herrera/Confidencial)

Ligia nos guió de la costa hacía Río Grande, el poblado de Genaro. En el trayecto encontramos a Allan Cárdenas Zapata faenando en su finca. Es recio, muy moreno, de pocas palabras. En una esquina de su casa de ladrillo rojo hay una roca muy extraña. Tiene forma de misil. Mide casi medio metro y pesa demasiado. Dice que los chinos la extrajeron de su propiedad. Taladraron el suelo dos días hasta encontrarse con una capa sólida en la que la broca encalló en seco. Allan dejó que los chinos estudiaran su propiedad porque, dijo, está consiente de algo:

—El problema es que nadie está dispuesto a vender, pero si el gobierno te saca… No podes oponerte. Es lo que no sabemos.

En diciembre pasado, en Brito, el empresario asiático Wang Jing inauguró “el inicio de la construcción del Canal”. Cuatro meses después, en la zona sólo hay una trocha angosta que es abierta por un par de máquinas amarillas y media docena de hombres a paso muy lento. Los pobladores que pasan desearían encontrar una respuesta en estos trabajadores sobre su futuro, porque ni el gobierno ni los chinos lo han hecho.

— ¿Dónde vamos a ir? Esa es la pregunta— insiste Ángela Novoa, una mulata de ojos azules—. Yo no sé cuánto irán a pagar, dicen que es sobre catastro, pero si es así uno no podría comprar otra casa. Imagínese cuánto vale un pedacito de tierra.

La vivienda de Ángela fue la última que visitamos en Brito. Además de los pobladores en esta zona, hay vastas fincas. Son tierras apetecidas. A pocos kilómetros de las playas más preciosas de Nicaragua, como las de Tola.

Obrajuelo, el primer grito contra el Canal

Una de las pintas contra los trabajadores chinos de la empresa HKND, en Obrajuelo, en las costas del lago de Nicaragua, en Rivas. (Foto: Carlos Herrera/Confidencial)

Una de las pintas contra los trabajadores chinos de la empresa HKND, en Obrajuelo, en las costas del lago de Nicaragua, en Rivas. (Foto: Carlos Herrera/Confidencial)

La ruta canalera parte en dos el istmo de Rivas. Desemboca en el Lago Cocibolca cerca del Río Las Lajas, propiamente en un caserío llamado Obrajuelo, en la costa del Lago Cocibolca, del municipio de San Jorge. Las expediciones de chinos visitaron este lugar y fue el primero donde encontraron resistencia.

En las incursiones de los funcionarios de HKND, en compañía de efectivos de la Policía y el Ejército Nacional, más un representante de la Procuraduría General de la República, una camioneta del concesionario fue apedreada.

Isaac Flores recuerda que les impactó cuando les dijeron que Obrajuelo desaparecería. Y la noticia de que serían desalojados crispó totalmente los ánimos. Aunque muchos de los pobladores habitan en la costa del Cocibolca, lo que significa que sus propiedades pertenecen a la municipalidad, la idea de dejar sus hogares les pareció más drástica.

“Nunca habíamos pensado en irnos, vernos en otra forma de vida. No encontraríamos otro lugar como la playa, pero en la actualidad la mayoría de la gente nos encontramos en la sin remedio”, afirma Flores, un pescador que todos los días sale en un pequeño bote de madera a buscarse la vida en las aguas del Gran Lago de Nicaragua.

El dilema sobre el precio de catastro o de mercado no tiene tanta importancia para Flores como el precio “sentimental” de su terreno. “Aquí vivieron mis abuelos, mis papás, nosotros… es un valor que no se paga nunca. Ahora, está el valor de vivir al frente de la playa, que es un centro turístico, atractivo para los extranjeros”, arguye Flores.

Noel Ibarra, abogado de profesión, posee en Obrajuelo “su casa de verano”. Es una edificación de amplio corredor frente a la costa. Él sí considera injusto que le paguen el precio de catastro. “El vocero ha dicho muchas veces que van a negociar persona a personal, casa a casa, el valor de las propiedades. Si el proyecto del gran canal se da, es un progreso para el país, pero los individuales salimos chimados (afectados)”, aprecia.

El ingeniero Telémaco Talavera, vocero del proyecto del Canal, explicó en una conferencia que brindó en la sede de la Confederación de Asociaciones Profesionales de Nicaragua (CONAPRO), que el tema de las indemnizaciones “forma parte de los estudios realizados”. “De lo que sí estamos convencidos es que la discusión será transparente, persona a persona, comunidad a comunidad”, prometió.

Según Talavera, hay tres opciones para resolver las expropiaciones: “La permuta, en donde se les dará una propiedad a cambio de la suya; la indemnización directa (se le pagará el valor de su propiedad), o una indemnización por comunidad, en el caso de las comunidades de la Costa Caribe, donde la propiedad es comunal”.

El vocero aseguró que los recursos para pagar las indemnizaciones los maneja directamente la empresa HKND y no dio mayores detalles. El concesionario informó en diciembre pasado que el proceso de expropiación iniciaría en el primer trimestre de 2015. Sin embargo, ahora los responsables de la mega obra filtraron que las indemnizaciones iniciarán después de ajustar el diseño del proyecto, de acuerdo a lo aconsejado por los estudios sociales y ambientales. “Dentro y fuera de la ruta puede haber modificaciones y algunas familias podrían quedar fuera o seguir en la ruta y en la zona de influencia”, dijo Talavera.

El problema para el jurista Ibarra no es tanto el precio sino “la alternativa que tenés después”. Flores, por su parte, asegura que los personeros del proyecto no mencionaron el tema de la reubicación. “No nos hablaron de dónde nos reubicarían, nos hablaron de expropiación, de que tenemos que irnos, pero no nos dijeron adónde. No sabemos, nadie sabe, nadie tiene una idea dónde puede ser”, se queja.

Vista del Lago Cocibolca desde las costas de Obrajuelo, en San Jorge, Rivas. (Fotos: Carlos Herrera/Confidencial)

Vista del Lago Cocibolca desde las costas de Obrajuelo, en San Jorge, Rivas. (Fotos: Carlos Herrera/Confidencial)

Obrajuelo es una hilera de casas que se extiende sobre la costa del Cocibolca. Al norte del poblado, vive Leonardo Espinoza, uno de los líderes locales de la protesta anti canal. Es un tipo rudo y en cada planteamiento esgrimido menciona la ley 840. “La ley dice que no hay reubicación y que será pagado el valor catastral, que el chino va a ser inmune; no hay tribunal ni abogado que lo pueda acusar, entonces nos van a matar como perros”, dice. Flores pintó en su casa letras chinas. Usó “Google” para traducir “fuera chinos”.

La tarde que visitamos Obrajuelo un apacible viento transportaba la brisa dulce de las aguas del Cocibolca. Zinia del Carmen García estaba sentada junto a su madre debajo de una estructura de metal a medio construir. “Desde hace cuatro meses estamos parqueados”, resalta la joven. Los chinos dejaron una orden, rememora: “no sigan construyendo porque, de todos modos, les van a quitar las tierras y van a perder más”.

“No veo cómo habrá progreso”, fustiga García. “Si desde el inicio nos están atropellando, pónganse a pensar cuando venga el canal más cerca”, agrega.

No sólo en esta casa hay construcciones suspendidas. Al sur de Obrajuelo vive Carmen Rayo, la abuela que cuida a sus nietas en el mismo patio donde su hija, que trabaja como empleada doméstica en Managua, construye una casa. Desde hace tres meses los albañiles detuvieron el levantado de las paredes.

“Nos vamos a morir de tristeza porque uno es diabético y que le metan así cosas, se aflige”, exterioriza Rayo, especificando en seguida que su hija ha invertido más de 25 mil córdobas en la obra, de a dos mil córdobas por quincena. “Iba al suave para arriba la casa, pero es mejor no seguir metiendo si nos van a sacar”, lamenta.

La iglesia evangélica de Obrajuelo también “está a medio palo”, señala Flores. “Si piensan construir algo en sus casas, mejor guarden el dinero y construyan cuando estén en otro lugar, porque de hecho por aquí pasará el Canal y esto es irreversible”, comenta Flores lo que, supuestamente, le recomendó la figura del “Procurador Especial por Nicaragua” que acompaña a los asiáticos de HKND.

Ometepe, temor por el Cocibolca

¿Por qué los chinos de HKND tomaron medidas de casas y propiedades en la Isla de Ometepe, cuando la ruta no atraviesa este territorio que estuvo nominado como una de las siete maravillas naturales del mundo? Jairo Carrión Cruz, poblador de esta paradisiaca isla, encuentra la razón en la introducción general del proyecto canalero presentada por la empresa china.

— Aparecen los famosos subproyectos, tres para Rivas, uno para Ometepe y dos en tierra firme, buscando San Carlos (en el río San Juan)— recuerda Jairo. El concesionario pretende montar en la isla el “Volcano Sightseeing Resort”—. Es de siete kilómetros cuadrados para los chinos. Están tocando desde la pista de aterrizaje de la isla hasta la comunidad de San José del Sur. ¿Qué significa? ¡Que nos van a desplazar, hermano!

A Ometepe no paran de llegar turistas. La ruta del Canal pasa al sur de la isla, sobre la fosa de San Ramón, el sitio más profundo del Cocibolca. El resort planeado por los chinos se ubicaría en las faldas del Volcán Madera, el coloso que se levanta sobre parajes hermosos como Playa Santo Domingo, Charco Verde o el Ojo de Agua, donde el líquido diáfano brota del suelo ceniciento.

Algunos empresarios del turismo como Rubén Rivera, propietario del Hotel Charco Verde, resienten el vacío de información en torno a la obra canalera. Para no afectar el medioambiente Rivera pide que el Estudio de Impacto Ambiental sea de carácter público. Sin embargo, la evaluación entregada por Environmental Resources Management (ERM) a la Comisión Nacional del Canal Interoceánico de forma discreta el recién pasado 31 de mayo de 2015 no dio visos de que pronto se conozca el contenido del informe.

— Si es una obra que va a venir a aliviar a una gran mayoría de los nicas creo que tal vez vale la pena correr el riesgo— plantea Rivera en su hotel, uno de los destinos más populares en Ometepe—. Pero si vamos a tener limitaciones en desarrollarnos, quizá no valga la pena arriesgarlos en un desequilibrio ambiental.

Los locales llaman con orgullo a su isla el “Oasis de Paz”. El Cocibolca abona a ese elemento de tranquilidad. El apego emocional de las personas con el lago es evidente no solo por esa característica, sino porque para muchos es una reserva inacabable de alimentos y vida.

— Eso del Canal nos está terminando de matar, porque nos van a arruinar nuestra playa, nuestro lago, que nuestro Señor nos permitió vivir aquí — clama Egdomila López, una anciana que poco ha salido de Ometepe desde que nació, hace ochenta años. Egdomila tiene la mirada triste y cansada. Vive en una modesta casa junto a su esposo, su hija que no se casó y sus nietos de otra hija que trabaja en Costa Rica.

Esos nietos son los que por veredas, relata, bajan hasta la costa del Cocibolca a pescar y buscar cangrejos para tener qué cocinar en las pailas.

— Aquí no queremos Canal, señor. ¡Por amor a dios yo le pido! Cómo nos van a venir a matar de hambre, de necesidad— truena Egdomila con los ojos llorosos—. ¿Qué nos van a dar de comer? Lodo, ¿eso nos van a dar? No señor, somos humanos. Que se toque la conciencia el gobierno.

La casa de Egdomila está en Esquipulas. Cuarenta kilómetros hacia el sur, bordeando el Maderas, hay otras poblaciones más rurales como Los Ángeles, frente a la fosa de San Ramón, donde se cultiva plátano. En esta zona el oleaje del Cocibolca es más manso, hace ver Jadnael Marín Quintana, propietario de dos manzanas de tierra. Jadnael admite que lo bautizaron con un nombre raro y se carcajea.

Egdomila López, junto a su esposo, en su pequeña casa de Esquipulas, en Ometepe. (Foto: Carlos Herrera/Confidencial)

Egdomila López, junto a su esposo, en su pequeña casa de Esquipulas, en Ometepe. (Foto: Carlos Herrera/Confidencial)

— Al pasar ese Canal ya no seríamos nosotros los que miraríamos por el lago, sino que viene un sobre dominio de otros lugares, con lo cual no podemos asegurarnos de que es nuestro, que tenemos derechos y que podemos reclamar — dice Jadnael, cambiando intempestivamente el tono de su voz.

La tranquilidad de Ometepe ha sido interrumpida por varias marchas que los pobladores han organizado contra las expropiaciones canaleras. En toda la isla, especialmente en Moyogalpa, se ven manchones negros en las calles. La alcaldía sandinista ha borrado las pintas contra del proyecto y contra el comandante Ortega.

— Que menciones a Ortega o el Canal es como que les menciones a su madre a los sandinistas aquí— dice Francisco López Carrión, quien acaba de salir del sembradío de plátanos.

En el pueblo de Balgüe, adelante de Los Ángeles, Fader Francisco Hernández da los últimos retoques a una pequeña agencia de turismo que montó en su casa. En realidad, Francisco es profesor de primaria, pero jamás consiguió trabajo por su filiación política contraria al gobierno.

—Estudié inglés en una escuela de Rivas y ahora doy tours — anuncia Fader con soltura, un hombre con carácter positivo, a pesar de que apenas hace dos días abrió la agencia de turismo. Los letreros están hechos a mano, como si un niño haya decidido jugar al guía turístico. Aun esperaba clientes mientras nos da la entrevista.

— Nuestro gran lago de Nicaragua es la fuente más grande de agua dulce que tenemos en Centroamérica, que es lo que nos beneficiará — estima Fader, remachando sus frases con una sonrisa—. Lo tenemos que aprovechar y darle mejor mantenimiento, y no con el impacto que quiere dar este gobierno con el Canal.

En Ometepe las esperanzas están cifradas en el lago y sus dos volcanes. Así vislumbra el progreso esta gente.

— ¿Cree que este Canal vendría a componer su situación, doña Egdomilia? — le pregunto a la anciana.

— ¡No, no, no! la situación es para ellos, los grandotes, para los que tienen reales. O si él (Ortega) ya no tiene con qué pagar sus deudas, que pague, pero que no nos saque de nuestros lugares que nos dejaron nuestros padres. ¿Cómo creé usted que nos vengan a hacer eso?

Decepción política en Potosí, Buenos Aires y San Jorge

Casta Leonor Tijerino, fiera opositora de las expropiaciones del Canal, junto a sus hijos y nietos en Tolesmaida. En su casa se ve una pinta contra los chinos de HKND. (Foto: Carlos Herrera/Confidencial)

Casta Leonor Tijerino, fiera opositora de las expropiaciones del Canal, junto a sus hijos y nietos en Tolesmaida. En su casa se ve una pinta contra los chinos de HKND. (Foto: Carlos Herrera/Confidencial)

La ficha municipal de Potosí expone que 12 mil 232 personas habitan en sus 146 kilómetros cuadrados de extensión. 65% de la población es rural, un hecho fácil de comprobar. Al ingresar a la ciudad rápidamente vemos plantíos de plátano y caña de azúcar. Tierra fértil que desde la época de la Colonia se caracterizó por dar cacao y añil en ingentes cantidades.

El agrónomo Roger Guido Narváez es testigo de que el nombre de su municipio no es en balde (Potosí lo define la Real Academia Española como “riqueza extraordinaria”). Desde pequeño vio cómo el auge de los ingenios de azúcar, durante el tiempo de la dinastía Somocista, obligaron a ampliar las zonas de cultivo de caña, desplazando el cultivo del cacao y el frijol.

La madre de Guido es propietaria de más de cuatro manzanas de tierra que ella se negó venderle a los Somoza. “Mi madre le dijo a Bernabé Somoza: no puedo venderle, porque esta propiedad se la pienso dejar a mis hijos. Aquí nunca vinieron los Somoza a decirnos que como iban a sembrar caña por el ingenio, esta tierras las teníamos que vender sí o sí”, narra el agricultor.

Guido trae a colación la comparación por el proyecto canalero. Los ingenieros de HKND llegaron a medirle sus propiedades. Como en Ometepe, el trazado de la línea canalera no afecta directamente la comunidad de Santo Domingo Piche, en Potosí. El concesionario planea construir el subproyecto del aeropuerto, que, según los planes oficiales, tendrá una capacidad de 1.05 millones de personas, una pista de 3200 metros y una terminal de 15 mil metros cuadrados.

Guido no solo teme perder la herencia, sino que su madre, todavía viva con 95 años de edad, vea cómo les arrebatan las tierras que han mantenido a media generación. Este agrónomo participó en los ochentas en la Revolución Sandinista. Estaba al pendiente de la siembra de caña para el ingenio controlado por los revolucionarios. Aunque se separó de la política para dedicarse a la agricultura, reconoce que muchos en Potosí tienen simpatías por el partido rojinegro. Sin embargo, las expropiaciones al amparo de la ley 840 han cambiado el panorama.

“Si vos analizas la ley 840, no contempla reubicación. Falso es eso. Aquí no van a reubicar a nadie. Recordá que la lucha del pueblo se ha iniciado con mucha fuerza, esa es la idea: parar eso”, afirma Guido.

Damaris Cantillano también vive en Santo Domingo Piche, en el mero núcleo urbano de la comarca. Ella sostiene que la mayoría de su barrio es sandinista, sin embargo, la filiación política ha encontrado un obstáculo: “Dicen que sí son sandinistas, pero no están de acuerdo con lo que el Presidente (Ortega) está haciendo, porque es una injusticia a nivel mundial”.

Al dejar atrás Santo Domingo Piche, siguiendo un estrecho camino flanqueado por cañaverales encopetados que son mecidos por el viento, llegamos a Tolesmaida, comarca del municipio de Buenos Aires.

El poblado colinda con el Cocibolca y en la entrada hay un rótulo gubernamental que proclama que “están construyendo municipios para todos”. En medio de la frase nace un ‘Árbol de la Vida’ —también pintado—, el nuevo símbolo de gobierno. La fotografía de Daniel Ortega fue borrada con espray.

El día que los chinos llegaron a Tolesmaida la admiración por el comandante Ortega se redujo. Ronald Enríquez relata cómo su familia, con la venta de plátano y limón, ayudaba a financiar la campaña electoral del Frente Sandinista. “Ahora con el tema del canal no es el gobierno que se pensaba (…) Es cierto que regala zinc, pero que no sale de la bolsa de Daniel Ortega, sino de todos nosotros”, dijo Enríquez, quien, según los vecinos, era uno de los militantes que más “rebuscaba el voto para el comandante”.

Casta Leonor Tijerino estuvo presa en las celdas de “El Chipote” el pasado diciembre, cuando la Policía reprimió la protesta contra el Canal en la Carretera Panamericana. Con su voz escandalosa insiste en llamar a los oficiales “guardias, igual que la de Somoza”. Desde hace un año en su casa ya no ondea la bandera rojinegra, en cambio, en la entrada de la puerta, como una insignia, están las letras chinas traducidas en Google en Obrajuelo: “Fuera chinos”.

Agricultores de plátanos usan el agua del Gran Lago para regar los sembradíos en El Cangrejal, San Jorge, Rivas. (Foto: Carlos Herrera/Confidencial)

Agricultores de plátanos usan el agua del Gran Lago para regar los sembradíos en El Cangrejal, San Jorge, Rivas. (Foto: Carlos Herrera/Confidencial)

Para Tijerino el trasfondo del “asunto del canal” es darle las tierras a los chinos.

En la comunidad de El Cangrejal, en San Jorge, la concejal suplente del Frente Sandinista, Fátima Duarte, tiene prohibida la entrada la alcaldía por oposición al proyecto canalero.

“Desde la primera marcha en la que participé en contra del Canal no tengo derecho a sesiones, ni a reuniones. Como sandinista no puedo participar en nada”, cuenta Duarte.

Intentamos comunicarnos con la alcaldesa de San Jorge, Gilma Canales, pero no fue posible localizarla en la Alcaldía. Tampoco contestó a nuestras llamadas. La concejal suplente dijo sentirse traicionada de toda la vida. Siguiendo la tradición de su padre apoyó al comandante Ortega, “pero ahora viene y nos da una puñalada en la espalda, como dicen los liberales”.

“Después de ser el mejor el presidente con los pobres, ahora quiere quitarles las tierras a los campesinos. La verdad de las cosas que como campesinos no estamos de acuerdo que los reubiquen, que nos paguen tampoco la tierra a precio de catastro”, fustiga Duarte.

poblados en riesgo

II. Río San Juan: la resistencia campesina

Pages: 1 2

Publicado el martes 23 de junio, 2015 a las 18:46 | RSS 2.0.
Última actualización el jueves 02 de julio, 2015 a las 8:30

Deje un comentario

Web por: Frederick Corazao

Untitled Document