Diarios de guarnición

Lo que pasa si es que te emboscan

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Por Carlos E. Freyre.-portada  diarios de guarnición

El día en que el suboficial Chávez Infante iba a morir, el alférez que saldría junto con él a su última misión le preguntó la razón por la que tenía puesta tanta cosa. Llevaba sobre sí mismo un chaleco antibalas, pechera, cargadores con munición, linterna y con ese armatoste sobre el uniforme, sentarse al volante de la camioneta era tan incómodo como ponerse un traje de astronauta para hacer gimnasia. Chávez le respondió:

Es que soy combatiente, mi alférez.

No erraba. Había servido en la Cordillera del Cóndor combatiendo contra las tropas de Paco Moncayo y después recaló en los diversos frentes donde las fuerzas armadas lidiaron con el terrorismo. También fue parte de un contingente que se sobrepuso a los cuarenta y tantos grados de temperatura en Haití. El Perú es ese país donde uno puede levantar una piedra y encontrar un peleador. El suboficial Chávez era uno de esos hombres bajo las piedras.

Encendió la camioneta y salió de la base llevando a los soldados que iban a custodiar las maquinarias que construyen la carretera Quinua-San Francisco. La mañana estaba fresca por la neblina que asciende rozando las quebradas y humedece los contornos de la selva. En una curva, el vehículo redujo la velocidad. De pronto, el alférez pudo ver en vivo cómo se esculpe un héroe: unos disparos de fusil rompieron el vidrio e impactaron en la cabeza del suboficial.

Casi sin vida, la inercia lo llevó a que virara el timón hacia el precipicio continuo. El oficial reaccionó y consiguió moverlo en el sentido opuesto, de manera tal, que se estrelló con un camión que pasaba de casualidad. La balacera ya estaba viva. Vivísima. Tomaba la forma de un extraño animal que silva, hiere, paraliza y desangra.

***

El choque con el tráiler permitió que los soldados de la patrulla tengan la oportunidad de cubrirse del enemigo. El cabo Isaac Yaranga estaba en la tolva de la camioneta cuando un disparo le ingresó y salió por el costado derecho del cuerpo. Cayó del vehículo. En la alteración del combate y la sorpresa, nadie se percató de su suerte, hasta que le dijo al alférez señalándose el estómago:

Mi alférez ¡me dieron! Tengo una herida aquí. Y en el codo también…

Además el chaleco con las cacerinas lo protegió de otros seis disparos que le cayeron en el pecho y quedaron a medio camino entre la tela y su corazón. Herido, estaba parado a mitad del tiroteo. Sus compañeros pudieron ver claramente los proyectiles rozándole los pies, las piernas, el tórax y la cabeza. Un suboficial de policía que también conformaba la patrulla militar, le gritó:

¡Yaranga! ¡Sal de allí rápido! ¡Te están disparando!

Como si su espíritu se alistara para lo peor, Yaranga le respondió:

Mi suboficial: dígale a mi mamá que fui un buen soldado.

Para ese instante, la patrulla se había podido recomponer y repelía el ataque, a pesar que no podían precisar claramente al enemigo oculto en la densidad del bosque. Empezaban a alentarse. En eso, también en plena carretera, apareció un poblador con las manos en alto, diciendo:

¡No me disparen! ¡He venido a ayudar!

Era un hombre cualquiera que se cruzó entre los fuegos para ayudar a los heridos. El oficial le indicó que ayude al paramédico de la patrulla. Con el kit de primeros auxilios taponearon la hemorragia que amenazaba desangrar a Yaranga, trataban de revivir a Chávez y solucionar la crisis del resto de hombres sorprendidos por las ráfagas y las esquirlas. Momentos después, otra patrulla al mando de un capitán de ingeniería acudió en su auxilio y el peligro amainó.

***

En el trayecto entre Nueva Unión y San Francisco, la gente salió a aplaudirlos y alentarlos con vítores. El rumor de la emboscada había volado y las madres y los padres creyeron ver en los heridos, al hijo que pudieran perder si la guerra continúa. Días después, cuando hablé con los oficiales y soldados que estuvieron en la emboscada y les pregunté cuánto había durado la acción; las respuestas fueron disímiles y variaron desde los cinco minutos hasta el par de horas. Siempre pasa. La adrenalina del combate tergiversa la lógica del tiempo.

Y si alguien por casualidad conoce a la mamá del cabo Yaranga, cuéntele que de verdad sigue siendo un buen soldado. Ni qué decir de Chávez Infante.

Publicado el lunes 26 de enero, 2015 a las 18:38 | RSS 2.0.
Última actualización el jueves 05 de febrero, 2015 a las 17:21

12 comentarios

  1. santiago dice:

    Historia digno de ser conta y es mas que interesante

    • Carlos González Mendoza dice:

      Mas que interesante? ¡¡¡ Son Soldados entregando SU vida por SU Patria !!! Honor y Gloria a su sangre y a su bendita Madre que lo entregó a la Patria !!!

  2. isaac dice:

    hechos de la vida real, emboscadas que suceden en el VRAE y dignas de contar, muy buena historia (Y)

  3. Bania dice:

    Historia triste pero real

  4. Federico dice:

    ¡Esos son nuestros verdaderos héroes!

  5. leoncio dice:

    Y mientras nuestros jovenes soldados cumplen con su deber y se sacrifican por ello, miserables con el grado de general roban las raciones de comida o el combustible asignado a la tropa. !!Denuncienlos!!

  6. MARVIN ROSSI dice:

    este relato escueto pero muy significativo nos muestra lo que es ser un soldado cualquiera sea el grado o jerarquia por que las balas no conocen de eso, ojalas nuestros politiquillos de media tinta algun dis entiendan eso

  7. willians dice:

    Verdaderamente me siento muy orgulloso de pertenecer a mi querido Ejercito, este relato muestra la viva realidad que enfrentan nuestros soldados en el VRAEM, estos hombres que su mayor beneficio es el servir a su Patria y dar la vida si fuese necesario, van llenos de valor y enchidos de coraje rumbo a lo desconocido despojandose de sus seres queridos y de una serie de comodidades que brindan las ciudades, ya es momento que se les de un merecido reconocimiento a estos soldados que contribuyen con la pacificacion nacional…!!!! HONOR Y GLORiA A LOS CAIDOS EN COMBATE…!!!

  8. raul dice:

    Estos son nuestros Heroes, pero nadie dice compren vehículos acorde con la patrulla, los jonnpiis, son los idoneos, los vemos subidos en la tolva de camionetas y camiones.Quien investiga estas irregularidades, ya nos acostumbramos a verlos morir, son muchachos del pueblo que viaaen peor que animales. Investiguen por favor. Yo denuncio estos hechos

  9. Julio dice:

    ¿Hasta cuándo seguirán derramando su valiosa sangre estos nobles jóvenes y los políticos seguirán siendo colosales mezquinos, corruptos desmedidos, ególatras infinitos, mentirosos sin vergüenzas e indiferentes insensibles? ¿Se imaginan que pasaría si hubiera una ley que obligue a todo hijo/hija de políticos a servir en las FF.AA. en el VRAEM?

  10. Walter urbina dice:

    Dígale a mi mamá que fui un buen soldado!. Si pues soldado, a quien mas le importa tu valentia, solo a tus seres queridos, el resto es una oracion y un abrazo, y la vida continua con el pais de cabeza.

  11. Kelly dice:

    Definitivamente es un buen soldado, lamentable que las autoridades no se preocupen por mejorar las condiciones de los soldados voluntarios en el Perú.

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