Lugo en el Palacio; el voto en el Congreso; el pueblo en la plaza

La mañana comenzó con un frenético movimiento en la residencia presidencial, donde Fernando Lugo viviría por unas pocas horas más. Desde las cuatro de la mañana ya se reunían ministros, secretarios y amigos cercanos del ex obispo. Se decidió que él debía ir al Congreso para enfrentar las acusaciones. Después hubo marcha atrás. Al final, una comitiva partió para el Palacio de gobierno, donde esperarían el resultado de la misión de los cancilleres de los países de la Unión de Naciones Sudamericanas (UNASUR), que había llegado al país la noche anterior, directamente de la conferencia Rio + 20 y después de los llamados personales de Lugo a Dilma Rousseff y José Mujica, presidentes de Brasil y de Uruguay, para pedirles ayuda.

Desde el interior llegaban, todavía, algunos líderes campesinos que venían a dar su apoyo a Lugo. “No había más trabajo institucional. Estábamos ayudando a arreglar todo para recibir a esos líderes que venían del interior”, recuerda José Tomás Sánchez, ex-ministro de la Función Pública. La llegada de los líderes sociales, aunque a cuentagotas, asustaba al Congreso y fue tema de acalorado debate la noche anterior en el canal Telefuturo entre el abogado de la defensa de Lugo, Antonio Ferreiro, y el diputado colorado Oscar Tuma, principal abogado de la acusación.

En el programa en vivo, el presentador preguntó a Tuma si el rápido juzgamiento se debía al temor de que hubiese manifestantes en la calle, lo que podría generar una reacción violenta –“lo que todos nos tememos”. El diputado respondió que sí. “Tenemos informaciones de que hay movilizaciones pagadas, funcionarios públicos que fueron a manifestarse frente al Congreso con el único objetivo de desestabilizar este proceso”.

Los rumores circulaban también en las conversaciones de la mañana entre los representantes de Unasur y los principales líderes políticos del impeachment. En reunión con los dirigentes del Partido Colorado, los cancilleres oyeron que el gobierno, “inviable”, tenía que acabar. “Y que tenía que hacerse rápido porque, supuestamente, Lugo había convocado a elementos subversivos y violentos”, según el relato del canciller Héctor Timerman al periódico Página 12.

Las informaciones de inteligencia que llegaban al Palacio de gobierno decían exactamente lo opuesto: había un plan para provocar un choque violento en la Plaza de Independencia, que se llenaba de personas. La amenaza remitía al llamado “Marzo Paraguayo” en 1999, cuando siete manifestantes fueron asesinados por francotiradores cuando protestaban contra el gobierno de Raúl Cubas en esa misma plaza.

“Había gente infiltrada en medio de los manifestantes para provocar un baño de sangre”, afirma un militar que formaba parte de la escolta personal de Lugo. En una de las tres entrevistas concedidas a Pública, el presidente depuesto confirma: “Teníamos esta información de inteligencia, inclusive de la Policía, de que querían repetir el escenario del Marzo Paraguayo del 99, y el mismo escenario de Curuguaty. Así, el responsable último sería el Ejecutivo, dando consistencia al argumento de la destitución”.

Algunas radios populares habían montado equipos de sonido en medio de la multitud con bandas de protesta y los números de celular de senadores y diputados –la orden era mandar mensajes con nombre y apellido, pidiendo que “voten concientemente y respeten la democracia”. Las radios transmitían, alternativamente, la música-símbolo del nacionalismo paraguayo, la polca “Patria Querida”, y el juzgamiento en el Congreso. “La plaza estaba cercada por vallas de metal”, recuerda Katia María. “Cuando llegué, los policías que estaban alrededor de la plaza me revisaron la mochila. Estaba todo controlado”. Pendía fresco, sobre los manifestantes, el doloroso recuerdo del Marzo Paraguayo.

Fernando Lugo en sus últimas horas en el poder (Foto: Rafael Urzúa).

A la misma hora, los cancilleres se reunían con los líderes del Partido Liberal. Según Timerman, su principal preocupación era la falta de tiempo para la defensa. Oyeron como respuesta que debían irse del país. “Señor, son las 11 de la mañana. A las 12 comienza el juicio político. ¿Hay algo que ustedes pueden decirme para ayudarlos a que esta situación no se agrave?”, preguntó Timerman. “No”, oyó como respuesta. “La Constitución establece formas de hacer el juicio político, y no plazos”.

“Fueron maltratados”, resume una fuente de Itamaraty. “Al final, era una misión de ministros del exterior que fueron hasta Paraguay… ¿Y ellos (los congresistas) hablando de que estaban haciendo todo de acuerdo con la ley, que no necesitaban probar nada…?”.

No sólo eso: esa misma mañana, Franco tomó la iniciativa de llamar al embajador brasileño, a la embajada de Asunción, para conversación sobre el juicio político “en tono confiado”, según una fuente de Itamaraty.

La llamada fue interpretada por los gobiernos vecinos como una prueba de la condena anticipada de Lugo. “Franco llamó al embajador de Brasil en Asunción para decirle que esa misma tarde asumiría como Presidente. En el parlamento todavía no se había sustanciado la acusación en el Senado”, contaría más tarde el presidente uruguayo José Mujica.

Después de la fría recepción de los líderes de ambos partidos, Timerman y el ministro brasileño Antônio Patriota se reunieron, finalmente, con Federico Franco. Como en otras conversaciones, los cancilleres advirtieron que Paraguay quedaría aislado si el impeachment se llevaba a cabo y sería suspendido de organismos regionales como Unasur y Mercosur. El argentino preguntó a Franco si consideraba justo el procedimiento. “En Paraguay, un vicepresidente tiene tres tareas: asistir a la reunión de gabinete, actuar como nexo con el Congreso y asumir en caso de enfermedad, muerte o destitución del Presidente. Voy a cumplir con la Constitución paraguaya”, respondió el vice.

“¿Te parece tiempo suficiente dos horas para preparar un juicio político?”, retrucó el argentino. “Solamente Dios sabe el tiempo que le dí”, replicó

La conversación con Franco también terminó con la sombra de una amenaza inminente de violencia. Timerman prosigue: “Pregunté si, en caso de que convenciéramos a Lugo de pedir licencia, le darían seis meses para preparar su defensa. Fue ahí que dijo una frase que ya habíamos escuchado de otros dirigentes: ‘Este gobierno es inviable. Aquí, la violencia comienza mañana’”.

 

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Publicado el lunes 10 de diciembre, 2012 a las 15:51 | RSS 2.0.
Última actualización el lunes 08 de septiembre, 2014 a las 19:07

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Un comentario

  1. Pablo dice:

    El tirano Stroessner debe estar riéndose en tumba. No cabe duda que dejó escuela. En la historia de América Latina es bien sabido que el Paraguay, bajo el régimen de don Alfredo, se convirtió en el país del contrabando y de contrabandistas. Esta práctica, según parece, no ha ha desaparecido.

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