El día que «El Gaucho» desenvainó

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General Luis Cisneros Vizquerra, el 'Gaucho'. (Foto: La Mula)

Aunque la razón de ser de IDL-Reporteros es el periodismo de investigación, sabemos hacer excepciones, especialmente cuando nos llega una notable narración sobre un tema que en estos meses ha fascinado a los lectores: el ‘Gaucho’ Cisneros en el recuerdo de su hijo Renato. Aquí viene otro recuerdo del escritor (diría también «y periodista», pero es decir lo mismo) José Rodríguez Elizondo, con quien este periodista compartió oficina y amistad en aquellos años intensos en Caretas dentro de los cuales ocurrió esta historia. (Gustavo Gorriti)

 

Por José Rodríguez Elizondo.-

Tras hundirme sin respirar en La distancia que nos separa, de Renato Cisneros, se lo agradezco a Cecilia Bákula. “Tienes que leerlo”, me dijo imperativa y obedecí al toque. He llenado de anotaciones la última página y me pregunto en qué lugar de mi biblioteca lo deposito. Novelas es lo primero que se me ocurre. Pero también podría estar en la sección Perú… ¿sub-sección biografías, autobiografías, reportajes, política, historia, revolución militar?

Complicado es encasillar esta obra en una sola categoría. Sería como aceptar que Hamlet sólo cabe en el anaquel violencia intrafamiliar. Con razón Vargas Llosa, que bien sabe lo que es contar historias de parientes, la definió con el genérico más genérico y el adjetivo más espontáneo: “un libro impresionante”.

Portada del libro 'La distancia que nos separa', de Renato Cisneros. (Foto: Planeta)

Portada del libro ‘La distancia que nos separa’, de Renato Cisneros. (Foto: Planeta)

 

Es que este descendiente del Gaucho Cisneros ha escrito todo sobre su padre, pero con una amalgama literaria estupenda, que ofrece lecturas diferenciadas para cada lector. Por ejemplo, yo hice una lectura muy personal, vinculada a la guerra de las Malvinas, Caretas, el legendario Enrique Zileri y un golpe de Estado que no fue.

 

El grito de Zileri

Nunca olvidaré esa mañana de mayo de 1982 cuando Zileri, irrumpiendo a la sala de redacción, me interpeló en su registro más alto:

 ¿Y tú, por qué dices que Argentina va a perder la guerra?

Cohibido por el grito y ante la mirada asombrada de los colegas, emití una respuesta tontísima:

Pues, porque va a perder.

Pude responder, si la pregunta hubiera sido más académica y yo más rápido, que no había hecho profecía alguna. Información contrastada y análisis era lo mío. Tampoco podía sugerir que Argentina estaba ganando, sólo para darle gusto a nuestra corresponsal, cuyos despachos triunfalistas botaba al tacho. Incluso pude pasar a la contraofensiva porque… ¿a qué texto concreto se refería nuestro Director?

Lo raro fue que Zileri asimiló mi respuesta tontísima, dio media vuelta y se fue mascullando (¡maldita sea!) hacia su oficina. No me reemplazó como editor del bloque sobre la guerra, ni me dijo que pasara del tono neutro-realista, a uno neutro-optimista. Tampoco se escudó en los lectores abrumadoramente parcializados a favor de Argentina. Menos me explicó por qué este país podía ganar.

¿Entonces qué?… ¿Para qué su pregunta estentórea?

 

Alerta roja

De a poco entendí que no fue pregunta, sino alerta roja. Nuestra cobertura sobre la guerra estaba en la mira de alguien con poder. Quizás había molestado al almirante embajador argentino. Hacía poco me había saludado cortés, pero inamistoso. Supuse se había quejado al canciller y éste había endosado la queja a Zileri: “el chileno de Caretas quiere que Argentina pierda la guerra”.

Pronto desestimé esa sospecha. Curtido en la lucha fiera por la libertad de expresión, Zileri, no iba a escenificar una rabieta para darle gusto a un simple embajador de una feroz dictadura. Luego, mis fuentes propias me soplaron que el lector quisquilloso podía ser el más importante de todos: el general Luis Cisneros Vizquerra, ministro de Guerra de Fernando Belaunde, apodado “el Gaucho” no por argentinófilo, sino por argentino. Nacido, educado y formado como oficial de Ejército en Argentina. Camarada de toda la élite terrorífica de esa dictadura, comenzando por Leopoldo Fortunato Galtieri. Peruano sólo por familión.

Se decía que ese gravitante general –que como ministro del Interior de Francisco Morales Bermúdez ya había encarcelado a Zileri- estaba usurpando el rol del canciller y sobrepasando al presidente. Dentro y fuera de los cuarteles, opinaba que el Perú debía apoyar con todo a los argentinos y no sólo con declaracioncitas de paz ni gestiones diplomáticas ante Ronald Reagan o Margaret Thatcher. Su propuesta incluía el envío de la flota a través del Estrecho de Magallanes, provocando -literalmente de paso- a su admirado Pinochet.

En otras palabras, el Gaucho no estaba tratando de quebrar la línea de Caretas. Estaba tratando de quebrar al gobierno. La austral guerra de los otros se había convertido en un tema interno que, proyectado, se relacionaba con otro acabose de la democracia y la inmersión en una guerra expansible a todo el Cono Sur.

 

Con el sable en la mano

Por mi parte, afirmé la calidad de mi bloque con la opinión expertísima de Edgardo Mercado Jarrín, general con ® pero con más jerarquía militar e intelectual que el Gaucho. Zileri, fiel a su carácter, decidió enfrentar la amenaza metiéndose en la boca del lobo. En la siguiente reunión de pauta decidió que el entrevistado político de la semana sería el mismísimo ministro de Guerra, con énfasis en su solidaridad extrema con Argentina. El fotón para ilustrarla –nuestro líder antes pensaba en las fotos que en los textos- debía mostrarlo en posición de combate. Eliminando un riesgo obvio, dispuso que la entrevista no fuera en el bloque Malvinas, que yo dirigía, sino en Política nacional.

Ahí comprendí a fondo lo que hubo tras su grito. En esa grave coyuntura, Zileri ya no trataba de buscar con humor y distancia la mejor nota internacional posible. Lo que ahora le importaba era exponer, urbe et orbi, el peligrosísimo talante político del Gaucho. Su objetivo, a fuer de periodístico, era ayudar a bloquear un nuevo golpe de Estado.

Acertó Zileri. También fiel a su carácter, el general habló claro y duro y su entrevista remeció el ambiente político. Dentro y fuera del Perú. En abierta discrepancia con Belaunde, dijo que el país debía liderar el apoyo militar latinoamericano a Argentina, con todos los medios a su alcance. Como si el canciller no existiera, se planteó altivo y regionalista frente al binomio Reagan-Thatcher y desdeñoso hacia la diplomacia que impulsaba el presidente. Por cierto, insistió en enviar aviones, pertrechos y toda la panoplia necesaria, incluyendo buques y submarinos a través del Estrecho de Magallanes. La foto de la entrevista, que fue portada, lo mostraba con un sable que le había regalado Perón, bajo el título “El Gaucho desenvaina”.

En síntesis, una metáfora a todo color y otra edición histórica de Caretas.

Renato Cisneros y la portada histórica de Caretas. (Foto: Caretas)

Renato Cisneros y la portada histórica de Caretas. (Foto: Caretas)

 

El golpe que se diluyó

Renato Cisneros, entonces de seis años, da cuenta de esos hechos que conoció, seguro, por tradición oral paterna. Lo que reproduce deja claro que su padre quería humillar a Belaunde, desafiar al binomio Thatcher-Reagan y poner en aprietos a Pinochet, para ir abrazarse con Galtieri. En ese marco, cuenta que el Gaucho, sin permiso del presidente (“sin coordinar” dice, piadoso), declaró en conferencia de prensa que el Perú debía enviar a Argentina todo lo que este país requiriera. Agrega que Caretas le dedicó una portada.

Yo (perdón Renato) apostaría que fue al revés. Precisamente porque Caretas hizo ese gran reportaje, el Gaucho debió asumir su responsabilidad ante los demás medios y Belaunde se atrevió a desautorizarlo en vivo y en directo. Es lo que explica el siguiente contrapunto crispado, que recrea en su libro:

 En cuanto a usted general, le rogaría que pusiera menos pasión en sus declaraciones cuando se refiera a la ayuda militar para la Argentina.

 Perdone usted, señor presidente, pero yo no pongo pasión en mis declaraciones. Yo pongo pasión en mis ideas, sobre todo cuando son justas.

Fue el momento en que el Gaucho quiso tomar una decisión final, con base en tres opciones mezcladas: renuncia a su cartera con estrépito marcial, denuncia pública a Belaunde por someterse al gobierno de Reagan y directa expectoración presidencial. Obviamente tenía camaradas uniformados que lo apoyaban y sospecho que todo eso está contenido en este breve párrafo de su hijo: “En los días posteriores a ese contrapunto áspero, Cisneros está a punto de patear el tablero”.

Al final salió del ministerio por jubilación. Ni él pudo botar a Belaunde ni éste pudo botar al Gaucho. ¿Extrema debilidad de Belaunde? Seguro que eso pensarán los lectores de hoy y parece plausible. Pero sucede que entonces la democracia peruana llevaba apenas dos años recuperándose, tras un docenio en que los militares fueron los actores excluyentes, siendo el Gaucho el general políticamente más importante. Sepamos, comparando con los primeros años de la transición chilena, que Pinochet amenazó a Patricio Aylwin por dos veces con propinarle un golpe de Estado. Y no por motivos castrenses, sino para cubrir las espaldas financieras de un hijo. Luego asumió como senador designado y sólo desapareció de la escena política cuando en Londres lo atrapó el juez Garzón.

Termino mi lectura de este “libro impresionante”, esperando que los historiadores peruanos lo tomen en cuenta para asomarse a esos meses de 1982, cuando el país entero estuvo caminando al borde de la cornisa. Tal vez lleguen, entonces, a la misma conclusión que este periodista y testigo:

El día que Zileri gritó no fue sólo en defensa de la libertad de expresión de Caretas, sino en defensa de la paz y la democracia en el Perú.

Publicado el jueves 03 de marzo, 2016 a las 19:31 | RSS 2.0.
Última actualización el viernes 04 de marzo, 2016 a las 22:58

3 comentarios

  1. hugo cabrera dice:

    CONOCI A RENATO CISNEROS VIZQUERRA, CUANDO TRABAJABA EN CHIMBOTE LO QUE ES AHORA SIDERPERU IGUALMENTE AL GAUCHO, NO SABIA QUE HABIA NACIDO EN ARGENTINA, AHORA RENATO DESPOTRICA CONTRA KEIKO, NUNCA ME GUSTO LA POLITICA PERO EL NO VIVIO LA EPOCA DEL TERRORISMO, NO TENIAMOS LUZ AGUA, NO VIVIO LO DE TARATA, CUANDO ENTRO EL CHINO, LO PRIMERO QUE HIZO FUE SINCERAR LA ECONOMIA QUE ALAN NOS HABIA DEJADO LA MEDIDA ME ACUERDO MUCHO QUE DIO HURTADO MILLER ME DEJO EN LA QUIEBRA, LOS GOBIERNOS SIGUIENTES, TOLEDO, ALAN, HUMALA, SIGUIERON LA POLITICA ECONOMICA QUE DEJO EL CHINO. LOS ERRORES DE LOS PADRES TIENEN QUE PAGARLOS LOS HIJOS ?

  2. Estimado Sr. José, las repercusiones del conflicto de Malvinas no se acaban con la caída de la dictadura argentina. La onda expansiva hacia el Perú fue larga y dolorosamente prolongada.

    Las luchas armadas de los movimientos revolucionarios de América latina fueron contenidas, de maneras brutales claro está, por las dictaduras militares argentinas y brasileras, tan es así, que los argentinos eran los principales aliados de USA en Nicaragua en la lucha contra el comunismo.

    Por esta razón, no es casualidad que pasado el evento Malvinas, las luchas armadas de los varios grupos revolucionarios operando en América Latina se desbordaran y, como todos los que tenemos más de 40 años sabemos, tuvo en el Perú a su más sangrienta arena.

    Ese conflicto al otro lado del planeta, era y es un asunto de importancia hemisférica y por su cercanía con asuntos territoriales chileno-argentinos, es un asunto peruano. Ya ni que decir de temas de cooperación de tecnología nuclear.

    Un solo misil exocet más o un par de bombas de los pilotos argentinos bien puestas sobre esos buques (y Ud. sabe que eso pasó) y ese conflicto terminaba en negociaciones de paz y muy probablemente con la caída de Thatcher y por ende la revalidación de la dictadura argentina. Los soldados ingleses eran soldados de carne y hueso estimado amigo. Con eso, los argentinos tenían bomba atómica el 83 y, unidas a su tecnología de cohetes, se convertían en miembro de las potencias nucleares. Ahora dígame Ud. si no era un duelo con un aspirante a gigante o si no le tendieron una trampa a los argentinos, que ya se estaban poniendo «peligrosos».

    Concuerdo ampliamente con Ud. Sr. José. Será necesario que se estudie mucho sobre lo acontecido entre abril y junio de 1982, porque ese episodio pasa de pertrechos militares a la más rosa de las historias de amor que Ud. se puede imaginar.

    Saludos cordiales

    Einar Jiménez Troncoso
    Director
    Estudio http://www.cusco.net

  3. Braun karen dice:

    Acabo de ver una entrevista del señor Renato Cisneros a la actriz argentina Lopilato, y él le dice refiriéndose a la nacionalidad de ella “mi padre también fue argentino “; que mvergüenza decir eso su padre fue un peruano nacido en Argentina así como su abuelo fue un peruano nacido en París o va a decir q su abuelo era francés. Lo que sucede es que su bisabuelo y abuelo fueron diplomáticos y por encontrarse en ese país ellos nacieron de casualidad.
    Ahora q el general Vizquerra estudió en Argentina no lo hace argentino; menos decirlo ya que acaso hemos tenido a un general argentino de ministro del interior.
    Creo que estás bien deshubicado, corrígete.

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