Dolores compartidos

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portada  diarios de guarniciónPor Carlos E. Freyre.- (*)

Ningún dolor debe parecerse al de una madre cuando pierde un hijo. Alguna vez escuché al comandante de batallón de la Escuela Militar decir que lo antinatural de los conflictos era sencillo de explicar: “en la paz, los hijos entierran a sus padres, mientras que en la guerra los padres entierran a sus hijos”. En los estudios de táctica militar que se llevan a cabo durante la carrera de un oficial hay una diversidad de cálculos y fórmulas que deben aprenderse de memoria y que sirven para prever los consumos futuros de alimentos, combustibles, agua, entre otros. Dentro de estos, hay uno muy singular. Su nombre es cálculo de bajas.

Parte de este cálculo consiste en determinar cuánta gente va a morir cada día de combate, de acuerdo a la capacidad de organización del enemigo y del tipo de operación por realizar. Es frío y el redondeo siempre es para arriba. O sea, poniendo un ejemplo práctico, si después de aplicar las tablas y coeficientes el resultado fuera 72.3, debería redondearse a 73. La explicación: “no puede haber 0.3 persona muerta”. Siendo así, el uso de la calculadora puede ser un ejercicio táctil común, pero puesto en la realidad, puede tener un efecto desquiciante.

En la vida real, el valor del ser humano no es una cifra y, caído en combate o dentro del servicio, aumenta su valor por las implicancias que lo rodean. Un oficial de la Marina me explicó que, en las guerras convencionales, la muerte de un hombre es un asunto puramente táctico, pero en este tipo de guerra de maniobras, posiciones y hasta opiniones, la muerte de este mismo hombre puede derivar en un asunto estratégico o estatal o generar una crisis por la reacción negativa de la opinión pública.

Años atrás, cuando era subteniente en Huancané, vi a uno de mis capitanes muy frustrado, regresando de las exequias de un cabo que se ahogó de forma accidental en una laguna y tuvo que hacerle frente a la madre, quien le dijo:

Yo mandé a mi hijo al Ejército vivo. Y el Ejército me lo devuelve vivo.

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¿Qué se siente renacer?

Quienes por estos días recorren la ruta entre Huamanga y San Francisco, pueden apreciar los notables avances en el acabado de la carretera que unirá la sierra y la selva; y que incluso se prolonga hasta Quillabamba por una variante que pasa por Kimbiri y asciende hasta la complicada base de Cielo Punku, cuyo significado “Puerta del Cielo”, hace sobrado honor a su ubicación: casi siempre hay una nube cubriendo la vida de los soldados y policías que custodian ese aislado y húmedo pasaje.

A este ritmo, no va a pasar mucho tiempo hasta que la carretera esté concluida y eso cambiará la vida de las poblaciones erigidas en sus contornos. Nadie recodará el casi medio millar de soldados que permiten el trabajo de los obreros y de las peripecias, privaciones y enfrentamientos, propios de lo que se llama “el cumplimiento de la misión”.

Casualmente en Cielo Punku, conocí a un policía que supo lo temible que era transitar por esa carretera cuando estaba fuera del control militar. Retornaba de vacaciones en un automóvil que hace transporte colectivo por la ruta, cuando observó que el conductor se detenía. No tardó mucho en percatarse de que no se trataba de unos de los habituales derrumbes que bloquean el paso vehicular. Un grupo armado había detenido la caravana y por instinto, intentó obligar al transportista a huir. El chofer le pidió que se calmara. No había forma de escapar.

Los minutos siguientes fueron los más largos y tensos de su existencia. Una columna de Sendero Luminoso tenía el control de viajeros y trabajadores. El policía logró ocultar su identificación. Miles de ideas surcaban su cabeza, entre estas, usar su arma cuando y como pudiera. Igual que el resto, fue conducido hasta un punto en donde la columna armada inició uno de sus conocidos discursos marxistas-leninistas. Se dejó llevar. En eso, uno de los terroristas más jóvenes y agresivos se puso a observarlo. El miedo más el corte fresco lo dejaron al descubierto. Lo llamó a un lado. Registró su billeteras, sus documentos y le preguntó:

¿Y tú? ¿Quién eres?

Soy profesor, le respondió el policía.

  ¿Ah sí? ¿Y qué enseñas?

El policía comenzó a contarle una historia de docencia que iba salivando y articulando por instinto. No era nada creíble, pero la decía con tal convicción que el terrorista comenzó a dudar. Luego, se dirigió al chofer:

  ¿Tú lo conoces?

 Sí. Es profesor.

No estaba convencido. Lo separó de los demás. El policía insistió en ratificar su profesión. Justo en ese momento, uno de los centinelas senderistas avisó que se aproximaba un helicóptero y rápidamente, desaparecieron de la escena. El policía sintió que la vida continuaba para él. Fue su renacer.

Desde los inicios de la guerra entre Sendero Luminoso, el MRTA y las fuerzas del orden, han sido varias las ocasiones en que algún militar o policía ha tenido que enfrentar la situación de quedarse a solas con el enemigo de turno, y su destino no ha sido para nada alentador. Los relatos sobre sus cruentas ejecuciones pueden rebasar la imaginación de un novelista de terror. En algunos casos, han llegado a rogar que los maten, antes de seguir siendo sometidos al sufrimiento que les infringían.

Publicado el jueves 27 de agosto, 2015 a las 14:04 | RSS 2.0.
Última actualización el martes 08 de septiembre, 2015 a las 21:18

3 comentarios

  1. floyd dice:

    varias historias como esta pude constatar en las 3 oportunidades que pase por esta zona de conflicto, es un riesgo pero la misión nos impone ese tipo de transito. muy buen articulo carlitos.

  2. Walter urbina dice:

    cuando una guerra es larga, prolongada y sangrienta, de hecho la opinión publica la va a considerar innecesaria, porque no tiene solución militar, y cualquier militar muerto va a ser considerado como si hubiesen sido 10 militares muertos, si esta guerra no acaba en esta decada, corremos el riesgo de sentarnos a la mesa de negociaciones con los terroristas al estilo FARC

  3. Jorge Ungaro dice:

    Lamentablemente creo Walter esta acertado en su comentario. Esta guerra contra los remanentes de SL (aunque algunos la nieguen o la llamen con nombres diferentes) tiene que llegar a su fin ya sea con la derrota total de los senderistas o un acuerdo de paz. El ultimo escenario es posible si este conflicto armado dura una decada mas…Todo es posble en la politica y los villanos de hoy pueden terminar siendo los dirigentes o gobernantes…Para ejemplo Uruguay y Colombia.

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