Desorden bajo los cielos

Como sucede con varios países de América Latina, el 'caso Lava Jato' marca la agenda institucional y política peruana.

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Por Gustavo Gorriti.-(*)

Como antigua sede del virreinato más importante de Sudamérica, donde se cultivó exhaustivamente el fariseísmo, Lima tiene clases supuestamente dirigentes que saben por instinto cómo lidiar con el escándalo. Es un asunto de memoria genética que la práctica de cada generación transformó y pulió en un estilo distintivo.

Alfonso Quiroz fue un historiador que pocos años antes de su muerte temprana describió en una larga investigación histórica las claves singulares de la corrupción peruana. Su Corrupt Circles: A History of Unbounded Graft in Peru se publicó en 2008 en Estados Unidos. La traducción al español apareció poco después de su muerte, en 2013, como Historia de la corrupción en el Perú, cuya documentada descripción del latrocinio ancestral que construyó buena parte de las genealogías que ayer y hoy circundan los poderes provocó furias más bien silenciosas.

Como sucede ahora con varios otros países de América Latina —pero con particular intensidad en este—, el “caso Lava Jato” marca la agenda institucional y política del país. Los bien heredados y entrenados reflejos del encubrimiento fariseo se encuentran limitados esta vez por un factor quizá decisivo: la fuente principal de información viene de fuera, de Brasil, donde los sobornadores en escala industrial de ayer se han obligado, bajo el riesgo de perder sus privilegios legales, a responder lo que sus fiscales decidan preguntarles sobre pasadas fechorías.

La mayoría está convencida (y las encuestas lo expresan con claridad) de que virtualmente todos los políticos importantes recibieron sobornos o por lo menos aportes ilegales de las empresas brasileñas y sus consorciadas nacionales.

Pero la megadelación corporativa de Odebrecht se inició hace más de un año y la temida avalancha de revelaciones no llega todavía con fuerza al Perú (ni, para el caso, a otras naciones latinoamericanas fuera de Brasil). Ha habido filtraciones y transmisión informativa oficial de alguna importancia, pero que esbozan todavía un panorama muy parcial e incompleto del cuadro global de corrupción

Ese mapa en borrador de la corrupción y sus principales actores, coincidente con el que han trazado la mayoría de periodistas de investigación, funcionarios con experiencia, políticos veteranos y ciudadanos suspicaces, es sin duda mucho más grave que el que esbozan los oficialmente inculpados hasta hoy. No es que, en la percepción que menciono, estos sean inocentes, sino que no son los protagonistas principales.

La mayoría está convencida (y las encuestas lo expresan con claridad) de que virtualmente todos los políticos importantes recibieron sobornos o por lo menos aportes ilegales de las empresas brasileñas y sus consorciadas nacionales. El problema, un año después del inicio de las confesiones de Odebrecht, es que en este caso parece que algunos son menos acusables que otros.

Los menos acusables son, por supuesto, los que mantienen poder y a la vez un coeficiente alto de intimidación, que no siempre van juntos. Pedro Pablo Kuczynski, el actual presidente del Perú, tiene, por ejemplo, un coeficiente de intimidación cercano a cero. Su derrotada opositora, Keiko Fujimori, controla una disciplinada y agresiva mayoría en el Congreso. Su coeficiente es alto, sin sutilezas, y tanto el presidente como su primera ministra mantienen una relación cuidadosamente sumisa con esa mayoría y su fruncida líder.

 

Alan García llegando al Congreso para declarar ante la Comisión Lava Jato. (Foto: El Comercio)

 

El expresidente Alan García fue contundentemente derrotado en las elecciones pasadas y solo logró una minúscula pero experimentada representación parlamentaria. Su coeficiente es comparativamente alto porque su organización política tiene mucha influencia fiscal y judicial, entre otros ámbitos. Se le adscribe, además, una buena memoria de agravios, excepto los muy contundentes. Con los autores de estos últimos puede predecirse alianzas políticas en futuros no tan lejanos.

Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos persiguieron a García en los 90. Nadie lo diría a juzgar por la deferencia casi reverencial con que fue recibido el lunes 11 en la llamada comisión investigadora del “caso Lava Jato” en el Congreso, controlada precisamente por la mayoría fujimorista.

Tanto Keiko Fujimori como Alan García han sido hasta ahora los menos tocados por la investigación de Lava Jato. La mayor parte de los fiscales que viajaba antes a Brasil en procura de información se olvidaba de preguntar por ellos. Hasta que uno, José Domingo Pérez, lo hizo hace poco en un interrogatorio a Marcelo Odebrecht en Curitiba. Tuvo respuestas interesantes que comenzó a investigar a su retorno en Perú.

La respuesta del fujimorismo fue acusar constitucionalmente (con fines de destitución) al fiscal de la Nación, Pablo Sánchez, por supuesta negligencia en la lucha anticorrupción. Como digo, las astucias ancestrales están hasta en la memoria de los más obtusos.

 

El allanamiento de los locales de Fuerza Popular fue llevado a cabo por el fiscal José Domingo Pérez. (Foto: Andina)

 

Pero el sorpresivo allanamiento que hizo el fiscal José Domingo Pérez la semana pasada a dos locales partidarios de Keiko Fujimori, en busca de documentación escondida sobre aportes no declarados, alteró a todos. En el Perú se hace eso solo con los que tienen bajísimo el mentado coeficiente. Pero este fiscal se atrevió. No solo los fujimoristas quedaron demudados, sino hasta el presidente Kuczynski (y su primera ministra) expresaron una trémula discrepancia con la medida, antes de asegurarle públicamente a Keiko que él no tenía “nada, nada, nadita” que ver con la medida. Solo le faltó jurar “por diosito”, a la usanza local.

En el escenario local de encubrimientos, los viejos controles pierden tracción e intentan recuperarla, antes de derrapar, con febriles intrigas y tinterilladas. El año termina con desorden bajo los cielos que augura interesantes relatos y, de repente, súbitas revelaciones.

(*) Reproducción de la columna ‘Las palabras’ publicada en El País el 14 de diciembre de 2017.

Publicado el jueves 14 de diciembre, 2017 a las 23:02 | RSS 2.0.
Última actualización el jueves 05 de abril, 2018 a las 11:31

4 comentarios

  1. Oscar C dice:

    En nuestros tiempos juveniles la frase era “Hay un gran desorden bajo los cielos…entonces es señal de que duros combates se avecinan”. Se repetia,emulando a los jerarcas del PC Chino,que acostumbraban encandilar a la juventud universitaria con sus frases”poeticas” para describir la politica.Tal como estan las cosas en el Perú hoy,aplica la famosa frase,porque el gran desorden politico que ha comenzado hase 48 horas,no tiene visos de acabar en el corto plazo. Como bien resume el periodista Gorriti,se han producido una serie de acontecimientos,la mayoria provocados desde la mayoria del congreso,buscando un efimero protagonismo,que ahora pareciera dilurise con la “vacancia o no vacancia”. Segun la Sra Palacios,el riesgo de la vacancia es que puede terminar en una convocatoria general de elecciones,con lo cual….el congreso se tendra que disolver.Se atreveran,”por que no le temen a nada” ?

  2. Luis Alejandro dice:

    Solo para aclarar,en la Comisión Lava Hato, el Fujimorismo solo tiene 2 parlamentarios,de 7 miembros,por tanto no son mayoría,como UD.señala.

  3. Mirko Lauer dice:

    Mauricio Cruz, el catual jefe de la empresa Odebrecht en el Perú, simplemente fue a sus archivadores, sacó la carpeta PPK, y se la entregó a la presidenta de la comisión Lava Jato. Este complot ocurrió en un momento político clave, y da una obvia ventaja a la alianza fujiaprista en la investigación fiscal sobre sus fondos de campaña, y coimas desde 1978.

    Ese privielgio no está disponible para la justicia peruana. No con respeto a Alan García y Alberto y Keiko Fujimori y sus nexos corruptos con Odebrecht.

    La empresa solo avanzará en sus destapes si obtiene la impunidad que estaba persiguiendo.

    La hipótesis más sencilla es que Odebrecht entendió que podía obtener por la vía legislativa aquello que la vía judicial no va a darle. Al poner directa, expeditiva y oportunamente los documentos sobre la complicidad de PPK en manos de la parlamentaria Rosa Bartra, Odebrecht selló un pacto político con el fujiaprismo ante la vista de todo el pueblo peruano; incluso un pacto a futuro.

    Esta movida la hizo luego de pasar meses encubriendo para todo fin práctico el serio problema de PPK. Pudo haber hecho esto en cualquier momento, a través de cualquiera de sus delatores. Pero el manejo de los tiempos ha sido super clave, y está vinculado con los recientes avances de la justicia peruana sobre los misteriosos fondos de campaña de Keiko Fujimori.

    La tranquilidad en que ha vivido Odebrecht en el Perú (sin las severas sanciones de otros países) le ha subido los humos a la empresa. Al grado de haberse atrevido a participar en un complot contra la Presidencia de la República, pues a eso equivale la entrega de documentos a Bartra.

    Este atropello es una transgresión mucho más seria que financiar campañas electorales por lo bajo.

  4. MERY GUILIANA GERARDO OTAROLA dice:

    Esta claro que Odebrecht y otras constructoras mafiosas no podran invertir ni trabajar en los paises de perfil “socialista” (Venezuela, Brasil, Ecuador, Argentina, Bolivia) y de los otros tambien. Odebrecht debe mas de 2,900 millones de dolares en EEUU (sin que les hayan robado nada) y otro tanto en Brasil. ¿de donde creen que sacaran todo ese dinero para pagar estas indemnizaciones? ¿creen acaso que desearian continuar con la piedra en el zapato o salvarian a Barrabas?. La cosa esta clara

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