Columna de reporteros

Gustavo Gorriti, director de IDL-Reporteros (Foto: Christian Osés)

Reproducción de la columna ‘Las Palabras’ publicada en la edición 2251 de la revista ‘Caretas’.


De envidias e insurrecciones

 

LAS palabras acarician, excitan, adormecen, atemorizan, avergüenzan, hieren y a veces matan. Pero también describen el mundo, reflejan sus hechos o consiguen interpretarlos. Una cosa son las palabras del protocolo y la corrección política; y otra cuando describen con precisión fenómenos traumáticos y complejos.

Un lector, el señor Fernando Arauco Granados, escribe que leer mi artículo, “Peligros reales e imaginarios” en Caretas 2249, le dejó “una sensación de desesperanza y decepción”.

Eso porque, según él, “al denominar a la acción terrorista de SL como ‘insurrección’, Gorriti no solo está justificándola sino que le está otorgando estatus a Sendero”.  El presunto otorgamiento de dicho ‘estatus’ se debería a que “conforme a la definición de la RAE insurrección es un ‘levantamiento, sublevación o rebelión de un pueblo, de una nación’”. [La cita, por alguna razón, no incluye la palabra “etc.’, que está en el diccionario como testimonio de lo impreciso de la definición]. Ello lleva al señor Arauco a preguntarse: “¿La violencia que inició Sendero en 1980 hasta el 2000 fue una guerra civil? Sabemos que no es así”. El lector objeta, además, mi uso del concepto de “guerra interna” para describir la violencia que vivió el Perú entre 1980 y fines de la década del 90. Según él, “Lo que padecimos en el Perú en aquellos aciagos años fue una violencia fratricida. SL se alzó en armas y el Estado salió a repeler el ataque. Eso, aquí y en Islas Marshall se llama delito”.

Me temo que el señor Arauco se equivoca aquí y se equivocaría también en las Islas Marshall. Pero como la suya no es una equivocación aislada sino frecuente y promovida, la rectificaré en detalle. Para empezar, basarse en un diccionario, por principal que sea, como la referencia terminante para definir fenómenos tan complejos como la violencia política organizada, lleva a inexorables patinadas.

“Insurrección” e “insurgencia” provienen de la misma palabra latina (insurgere); y ambas significan básicamente lo mismo: Levantamiento contra una autoridad dada. Por lo general, aunque no siempre, estos levantamientos son violentos. La manera en que se expresa la violencia caracteriza la insurgencia o insurrección. Motines, algaradas, manifestaciones enardecidas, golpes de estado, pronunciamientos, huelga general, terrorismo, guerra de guerrillas, guerra civil: una insurgencia puede centrarse en alguna de estas formas o escalas de violencia; o transitar, paralela o secuencialmente, de una a la otra.

"No se depriman por la verdad, que ahora y mañana ayudará a comprender el problema y encontrarle solución. Deprímanse por la ignorancia."

Una insurrección, es decir, un levantamiento armado, puede ser protagonizado inicialmente por un grupo escaso en número y medios (como, digamos, el grupo que acompañó a Fidel Castro en el fallido asalto al cuartel Moncada en 1953), o incluir a divisiones y regiones militares enteras, como fue, por ejemplo, el levantamiento encabezado por Francisco Franco contra la República de España en 1936.

A su vez, el concepto de “guerra interna” ha sido definido “para propósitos de sistemático escrutinio” en ciencias políticas, como “el conflicto violento entre partidos o facciones sujetos a una autoridad común; y de tales dimensiones que su incidencia afectará el ejercicio o la estructura de la autoridad en la sociedad”. Un poco árido, ¿verdad? Pero si se lo lee un par de veces, se lo entiende bien. La definición, de paso, corresponde a Harry Eckstein.


LAS guerras internas no suelen ser, en sus diversas formas y manifestaciones, nobles justas o torneos caballerosos. Son, precisamente, eventos ‘aciagos’ de ‘violencia fratricida’, que siegan vidas, destruyen bienes, violan cuerpos y convicciones.

Las insurrecciones o insurgencias tampoco representan otro ‘estatus’ que la situación que crean. A la vez, la guerra de guerrillas, por ejemplo, puede ser abominable (como la llevadas a cabo por el Lord’s Resistance Army de Uganda o, antes, el Frente Revolucionario Unido de Sierra Leona); pero también el único camino posible (cuando las llevaron a cabo los Partisanos o miembros de la Resistencia contra los invasores nazis).

De otro lado, que un grupo sea descrito como un partido político (si llena las características de tal) tampoco lo hace mejor o peor. Solo describe mejor al grupo. Los nazis, ¿fueron o no un partido político? Claro que sí. Un partido maligno y genocida, pero partido. ¿Se lo debería llamar ‘banda’ o ‘pandilla’ para no ofender a los partidos políticos democráticos? Sería absurdo, porque el precio sería renunciar a la precisión histórica y, finalmente, al conocimiento.

Dicho lo cual: ¿cómo debe describirse el levantamiento senderista, que fue producto de una preparación de años, que se condujo bajo una estrategia segmentada en planes, dirigida por el que ellos llamaban partido comunista del Perú, y que, luego de comienzos engañosamente locales, llegó a abarcar con sus acciones casi todo el Perú? Que solo en el VRAE provocó la muerte, heridas graves o mutilación de casi el 10% de la población. Que barrió pueblos, comarcas enteras y provocó la muerte de decenas de miles de personas. Que era parte de un proyecto de revolución mundial en el que se daba más énfasis a las disputas ideológicas que a las acciones militares.

¿Cómo describirlos? ¿Como ‘abigeos’? ¿Como ‘terroristas demenciales’? ¿Como ‘la banda terrorista Sendero’, al estilo español?


EL problema es que si se deja que la descalificación reemplace a la descripción, entonces no se llegará a entender ni a analizar bien la realidad, no se comprenderá lo que pasó, ni cómo ni por qué; y, lo que es peor, no se sabrá qué hacer para enfrentar lo que queda o lo que puede volver. Se hará exorcismos verbales, pero se terminará oscureciendo el cuadro y mandando a la gente a dar palos de ciego con las energías y los miedos que dan la ignorancia y la superstición.

Es necio sostener que en el Perú no hubo una guerra interna. Es hasta faltar el respeto a quienes lucharon, pagando un altísimo precio, contra un enemigo fanático y terrible que por momentos amenazó con prevalecer. Es igualmente necio desconocer que detrás de Sendero hubo una ideología y un partido. Tanto como ignorar que se trató del mayor estallido de violencia interna en la historia de nuestra nación.

No se depriman por la verdad, que ahora y mañana ayudará a comprender el problema y encontrarle solución. Deprímanse por la ignorancia, que los llevará al peligro mañana como los llevó, tan patética y culpablemente, ayer.

 

P.D.   El otro día, leí el editorial de un coleguín con apellido de avenida de Jesús María, en el que se refiere “con pena”, porque “lo consideraba un gran tipo” a “un veterano coleguita –de apellido de isla uruguaya- [que] desmerece totalmente la encuesta”, en la que aquel salía como el periodista con más poder en la prensa escrita.

¿La razón por la que se explica la presunta descalificación? “Estrepitosos” fracasos profesionales del apellido de isla uruguaya, que naufragan en la horripilante envidia, “muy peruana y tan de periodistas” de acuerdo al apellido de avenida de Jesús María. Este remacha su diagnóstico con una cita, nada menos, del magnífico Quevedo: “La envidia va tan flaca y amarilla porque muerde y no come”.

Puesta en la involuntaria circunstancia de retrucar entre geografías, la isla de Uruguay le dice a la avenida de Jesús María, que si algo amenazó la objetividad de su juicio a lo largo de los años (aunque no en este caso) fue la admiración, nunca la envidia. Y, para mayor abundamiento, la isla le dice a la calle que algunos de los galardones logrados a lo largo de los años hubieran terminado de vacunar contra toda posible envidia de lo grande, no se diga de lo pequeño.

Como dijo, en efecto, el gran Quevedo en el mismo texto que citó la vía de Jesús María: “Los que más se quejan porque los invidian, son los que siempre están haciendo porque los invidien […] Muchos blasonan con vanidad el tener muchos invidiosos, y estos son los peores invidiosos de sí mismos”.

Publicado el jueves 27 de septiembre, 2012 a las 16:39 | RSS 2.0.

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Web por: Frederick Corazao

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