Columna de reporteros

Gustavo Gorriti, director de IDL-Reporteros (Foto: Ronald Martínez Pancevic​).

Reproducción de la columna ‘Las palabras’ publicada en la edición 2442 de la revista ‘Caretas’.

Mejor Alfa que Piñata

Dos de los cuatro presidentes que hemos tenido desde el año dos mil –Toledo y Humala– gobernaron con quienes habían derrotado en las elecciones y dieron la espalda, en buena medida, a quienes los habían llevado a la victoria.

¿El resultado? Crecimiento económico y fragilidad política, sobre todo presidencial. A ambos presidentes les dieron como a piñata; uno de ellos (Toledo) corrió riesgo de ser vacado mientras que el otro (Humala) termina su período asediado en varios frentes, repudiado por los aliados a los que abandonó y despreciado por los antiguos adversarios a quienes se acercó.

No es que todo sea inmerecido, pero hubo exageración en el hostigamiento a ambos presidentes. Comparativamente, García sufrió mucho menos ataques durante su gobierno. Y no fue por conservar una línea, pues de hecho García fue quien más cambió de candidato a Presidente, pero lo hizo sin perder el poder que da un tácito coeficiente de intimidación. Se mantuvo como el alfa de su grupo, mientras que Toledo y Humala rodaron alfabeto abajo hasta la pi de piñata.

“Y él [PPK], por lo que vi, tiene el mismo interés que la señora Fujimori en conversar. Es decir, ninguno. No le interesa. Por ahora, no la necesita”.

¿Lecciones para el presidente electo Pedro Pablo Kuzcynski? En primer lugar, evitar a toda costa terminar (o siquiera empezar) como piñata. Aparte de lo erosionante y nocivo para la gestión presidencial que tal condición supone, PPK enfrenta una situación más difícil que la de sus predecesores. Su partido, que no es precisamente un ejemplo de disciplina, no tiene siquiera la primera minoría. Y el fujimorismo ostenta (esa es la palabra) una holgada mayoría.

Algunos dirigentes y manejadores de la agrupación de PPK han tratado estos días de buscar entendimientos, sugerir alianzas con el fujimorismo y pese a ser tratados con la punta de la sayonara, insisten en ello y parecen estar a punto de suministrarle rodilleras a PPK.

Este, en conversación reciente con Rosa María Palacios, dejó saber en forma inequívoca lo que piensa. En palabras de Palacios: “Y él, por lo que vi, tiene el mismo interés que la señora Fujimori en conversar. Es decir, ninguno. No le interesa. Por ahora, no la necesita. Y esa es una magnífica noticia que puedo compartir. Ya era hora de tener un Presidente que sabe quién es él y qué responsabilidad le ha puesto el pueblo sobre los hombros”.

Menuda responsabilidad. Le ha conferido un liderazgo cuesta arriba, en desventaja posicional, con la tarea de gobernar y mandar con destreza y sin debilidad.

Tanto el Ejecutivo, que él controlará, como el Legislativo, que controlará el fujimorismo, tienen medios y posibilidades importantes y pueden presionarse mutuamente.

Pero un Presidente hábil, que conserve la iniciativa, sea bien respaldado por su bancada minoritaria, mantenga una comunicación eficaz con el público y haga clara su determinación de utilizar todos los medios que la ley le faculta, logrará gobernar. Habrá un par de momentos difíciles, pero luego prevalecerá.

Si, en cambio, dobla el espinazo y se calza las rodilleras, no tardará en empezar la piñateada. Le perderán todo respeto, le harán casi imposible gobernar y poco tiempo después se escucharán los primeros llamados de vacancia.

Eso no debe suceder.

Hay ahora un tiempo valioso, pero escaso, en el que se debe armar equipos, definir y afinar estrategias, preparar iniciativas para actuar desde el primer día en el poder. Si se mantiene una línea de acción sólida y coherente, creo que el fujimorismo abandonará eventualmente su petulancia actual y buscará formas de entendimiento (que ellos necesitan más que PPK) con el nuevo gobierno. En ese momento tendrá mucho sentido conversar, como corresponde en una democracia, establecer consensos entre partidos y afinar el equilibrio de poderes.

Antes no.

 

Buscar los huesos

Imaginen que el destino hizo que llegara la violencia a su comarca, su pueblo, su ciudad. Usted camina con cuidado, duerme con temor. Antes ve que los suyos, sus padres, sus hijos, se hayan recogido también para que el techo ligero, la frágil puerta le den la ilusión de seguridad.

Una madrugada se escuchan motores, voces, botas, órdenes, movimiento brusco. Una patada y salta la puerta. Entran varios hombres armados, con linternas, pasamontañas, golpes y palabrotas. Con frío y con espanto que lo paraliza, recibe golpes y ve cómo levantan a culatazos a un hijo (hija, padre, madre) y se lo llevan a jalones, palabrotas y golpes que rompen. Usted recupera la voz para rogar y las piernas para seguir, pero lo (la) detienen con un cachazo en la cabeza y la amenaza de disparar. Su ser querido no habla, no puede hablar cuando, con otros, los cargan en la tolva de un camión pequeño que arranca y se va.

Usted va al día siguiente a la fiscalía departamental. Hay muchos otros y usted hace cola. Cuando le toca, cuenta lo que le pasó, pide ayuda desesperada. ¿Dónde está, qué le estarán haciendo? ¡Encuéntrelo, doctora!

La doctora no lo encuentra. El doctor tampoco. Registran su caso, envían un oficio, igual que otros cientos, preguntando por el nombre. Les responden poco después con otro oficio, igual que otros cientos, excepto el nombre. Su ser querido, dicen, no está detenido.

En la fiscalía le dan copia, le dan constancia. Papel con sellos al que usted se agarra como si ahí estuviera la llave para encontrar a su ser querido.

Le cuentan en qué quebradas botan cadáveres por las noches. Si es Ayacucho, será Infiernillo o Puracuti. Usted amanece casi todos los días para ir, pero los perros llegan más temprano y usted tiene que ver lo que nadie debería contemplar. Pero entre esas carnes desgarradas que se rescata precariamente de perros y gallinazos, no está la de su ser querido.

Pasan las semanas, los años, pasa la guerra y usted sabe que ya nunca encontrará viva a la persona querida que se llevaron sin poder siquiera despedirla. Pero no puede resignarse porque la pena le secó las lágrimas pero no el dolor. Usted quiere encontrar sus huesos, llorarlos y despedirlos para que el alma pueda descansar. Usted ha envejecido y sabe que se le acorta la vida pero no la pena.

Sigue la búsqueda, con otras personas como usted, porque fueron miles los que desaparecieron y saben que hay muchas fosas ocultas y que en una de esas fosas están los huesos del ser querido. Y también sabe que casi cada fosa tiene por lo menos un testigo.

Entonces le dicen que el Congreso ha aprobado una Ley de Búsqueda de Personas Desaparecidas. Al fin esa mínima esperanza, ya no encontrar la vida sino sus huesos, podrá realizarse y la tristeza llegará a su quietud.

Pero resulta que el presidente Ollanta Humala se niega a firmar (y promulgar) la Ley. Como el Congreso cierra, sin la firma de Humala no se activa la Ley. Y Humala se calla y no firma.

¿No fue Humala quien, en su juramento de defensa de la democracia pronunciado en San Marcos cuando no era todavía Presidente dijo lo siguiente?:

“Respetaré los derechos humanos de todos, y no permitiré ningún tipo de influencia política en las investigaciones que sobre la violación de estos derechos estén en curso o se abran en el futuro”.

Y ahora, presidente Humala, ¿se da cuenta de lo que hace usted al negarse a firmar la ley? No solo falta a su juramento (que hasta ahora respetó), sino desdeña, con crueldad e indiferencia, el dolor más profundo que puede sentir una persona y que han sufrido miles de peruanos. El secuestro violento, la desaparición seguida por la muerte que se sospecha precedida de horrores, la búsqueda de los restos luego que se fueron perdiendo todas las esperanzas menos esta.

¿Qué excusa puede haber para no firmar esta ley? Hacerlo es un mandato de básica humanidad. No hacerlo no solo es cruel sino cómplice.

Recapacite, Presidente, antes de que sea tarde para hacerlo. *

 

* Cuando este artículo estaba en prensa, el presidente Humala promulgó la Ley de Búsqueda de Personas Desaparecidas. Aunque tarde, lo hizo y repara con ello su previa negativa implícita. Celebro el resultado, que culmina un esfuerzo nacional e internacional para lograrlo.

Publicado el jueves 23 de junio, 2016 a las 10:28 | RSS 2.0.
Última actualización el jueves 23 de junio, 2016 a las 19:47

Un comentario

  1. Jus dice:

    Para muchos que vivimos en Lima esas épocas nefastas del terror, desde luego sin considerar las zozobras por los coches bombas, debió ser muy triste lo vivido, el camino equivocado trajo consigo mucha desgracia propia y ajena. En un reciente viaje a la ciudad de Ayacucho mucha gente llora aún sus muertos que nunca encontraran y es común escuchar a los guía turísticos inclusive, los lamentos de aquellos triste y desgarradores momentos que les rico vivir, por ello no queda sino el reconocimiento por la firma en la Ley que de alguna manera permitirá hacer algo de justicia para todas las parte.

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Web por: Frederick Corazao

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