Lo que trae el Atlántico en Nicaragua

Sandy Bay, Nicaragua. Aquí no hay desagüe y la luz se va todos los días. A pesar de ello, el paso de la droga en esta zona --azotada por el huracán Félix en 2008-- la ha convertido en una de las más prósperas en la Región del Atlántico Norte de Nicaragua (RAAN). Las nuevas mansiones son el paisaje junto a las barcazas viejas típicas de este Caribe pobre.

 

Conocimos a Kerlin en la comunidad miskita de Sandy Bay, un pequeño poblado indígena en la costa norte de Nicaragua. Honduras aparece unos kilómetros más arriba, al otro lado de Rio Coco. Una enorme y tupida selva cubre la frontera entre ambos países. Del lado hondureño, los narcos la han convertido en una enorme red de pistas de aterrizaje clandestinas; en Nicaragua, en cambio, la coca sube en lanchas rápidas cerca de la costa.

Notamos las consecuencias de este trasiego en Sandy Bay. Kerlin nos contaba que en la comunidad “se vuelven locos cuando llega la droga”. Los narcos que costean el litoral echan los fardos por la borda cuando se ven sorprendidos por la Fuerza Naval. Los lugareños van entonces a buscarlos y esperan a que los traficantes vuelvan y se los compren. La vida entonces cambia, el dinero fluye. “La cerveza sube a 50 córdobas –más de dos dólares-”, calcula Kerlin.

Sandy Bay es un poblado mayormente aislado. El mar funciona de carretera a Puerto Cabezas, la capital del Caribe norte; una lancha y varios veleros salen cada mañana, eso es todo. Por lo demás, Sandy Bay consiste en una pradera, vacas pastando, casas demasiado lujosas para estar allí y motos demasiado potentes para que circulen por sus estrechos senderos de concreto. Es el dinero de la droga. Los narcos compran su propia mercancía a los miskitos para evitar conflictos y usan además sus comunidades como estaciones de servicio. Compran su combustible para las lanchas, su vigilancia para descansar y sus víveres para continuar la travesía.

El tráfico de drogas ha dejado contados episodios de violencia en la zona. Un par de balaceras en comunidades indígenas del norte y el sur pusieron en alerta a investigadores y autoridades, pero la situación no ha ido a más.

Nicaragua, nos comentaron varias fuentes, es un país mejor vertebrado socialmente que sus vecinos, producto de un trabajo policial con las comunidades y de la herencia de la Revolución Sandinista. Eso se ha traducido en una tasa de homicidios siete veces menor que la de Honduras.

En todo caso, los nicaragüenses sufren el auge de los mercados locales. Los narcos pagan parte de los salarios en mercancía y generan así demanda interna, además de comprometer a sus socios locales. La tasa de homicidios de las ciudades caribeñas ha aumentado en los últimos años. Al sur, en Bluefields, los números evocan al violento triángulo norte –en torno a 30 asesinatos cada 100.000 habitantes, casi triplicando la tasa nacional-. Al norte, Puerto Cabezas sigue la misma senda.

En Managua, un investigador de un prestigioso centro de estudios nos explicaba que tanto al norte como al sur están apareciendo grupos dispuestos a todo por controlar la plaza.

 

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Publicado el viernes 23 de noviembre, 2012 a las 20:49 | RSS 2.0.
Última actualización el lunes 08 de septiembre, 2014 a las 19:21

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Un comentario

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