En la capital mundial de homicidios

San Pedro Sula, Honduras. Un hombre apareció muerto a las 9 am en la colonia Planeta, una de las más peligrosas en San Pedro Sula. No hubo testigos.

La primera vez que sentimos el poder intimidatorio del narcotráfico fue en San Pedro Sula, el motor económico de Honduras. El supermercado de la esquina, a cuatro cuadras del parque central, cerraba a las seis de la tarde. Caía la noche y solo una pareja cenando en un destartalado balcón y algún vagabundo borracho rompían el silencio. En 24 horas habían muerto seis personas asesinadas. El último mes, 143.

Honduras es el país más violento del mundo, según la ONU (excluyendo las naciones en guerra). Y San Pedro Sula la ciudad más violenta del país más violento del mundo. En esta urbe de 700.000 habitantes se han cruzado el conflicto entre la Mara Salvatrucha ( MS-13) y el Barrio 18, las dos grandes pandillas de Centroamérica, y la ruta del narcotráfico (el 79% de la droga que circula a Estados Unidos pasa por las fronteras hondureñas).

San Pedro Sula, Honduras. Kevin, 17 años, murió en un corral de gallinas. Dos hombres lo perseguían y le alcanzaron con tres balazos, uno de ellas en la cabeza. Su madre asegura que sabía muy poco de él.

En medio de esta encrucijada, pareciera que la vida ha perdido mucho de valor. Vimos a una madre que no se inmutaba delante del cadáver de su hijo de 17 años. Dos policías nos ofrecieron disparar sus fusiles en un barrio controlado por las maras, en lo que decían era un cementerio donde botaban cuerpos. Unos periodistas se carcajeaban al lado de un cadáver putrefacto atado de pies y manos. El doctor Orlando Merino, subdirector del Instituo de Medicina Forense de San Pedro, nos contaría más tarde que en los últimos meses había recibido varios cadáveres en este estado. “Son ajustes de cuentas”, explicaba.

Uno de los días acompañamos al equipo integrado de levantamiento de cadáveres. Compartimos el almuerzo con los agentes en el comedor de la central. El menú costaba un par de dólares, pero nos habíamos quedado sin efectivo por la mañana. Nos dijeron que no nos preocupáramos, que ellos pagaban y que luego se lo devolvíamos. Por la tarde, vimos al agente que nos había prestado el dinero y nos acercamos a saldar la deuda. Nos dijo que no. Pensamos que trataba de ser amable e insistimos: “Nosotros pagamos”. Él explicó entonces que no quería que nadie viese que recibía dinero de nadie en la calle.

Honduras comparte con sus vecinos corrupción, violencia epidémica y la brutalidad de las pandillas y el crimen organizado. Visitar este país es como ver todos los problemas de la región bajo el aumento de una lupa.

 

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Publicado el viernes 23 de noviembre, 2012 a las 20:49 | RSS 2.0.
Última actualización el lunes 08 de septiembre, 2014 a las 19:21

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