El insolente oficio de ser un bloguero cubano

Por Martin Riepl.- En el país donde los dos únicos periódicos son del partido que gobierna desde hace 52 años, tener voz propia es un atrevimiento que se paga a golpes. Este es el agitado encuentro clandestino con una de las voces de libertad más singulares de la isla.

No hables. Apenas abrió la reja de la casona donde habíamos planeado cuidadosamente la entrevista, Orlando me hizo un guiño como sutil señal de alarma. Pasa, me dijo. En la sala un muchacho de baja estatura metía las manos salpicadas de rojo en una bolsa negra. Había terminado de recargar los cartuchos de tinta de la impresora y recogía sus cosas: Una jeringuilla, tubos de plástico, envases manchados. Mi anfitrión me pidió que lo siguiera a través del oscuro pasillo que desembocaba en su estrecha lavandería.
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