Capítulo 7: “Las penas nadan”

Óscar esperó alrededor de seis semanas los resultados de la prueba de ADN.

El 7 de agosto, Peccerelli le llamó desde Ciudad de Guatemala. Le explicó que las pruebas habían descartado una de las teorías de la fiscalía: que Óscar y Ramiro podían ser hermanos.

“Gracias”, dijo Óscar. “No me sorprende”.

Peccerelli hizo una pausa. Había más.

“Encontramos a tu padre biológico”, le dijo a Óscar. “Es un señor llamado Tranquilino”.

Óscar volteó a ver a Nidia. Le dijo las palabras que aún le costaba creer: “Encontraron a mi padre”.

Tranquilino Castañeda (Foto: El Periódico de Guatemala).

Tranquilino Castañeda había sido un campesino en Dos Erres. Había escapado de la masacre porque se encontraba trabajando la tierra en otro pueblo. Por casi treinta años, pensó que los militares habían asesinado a su esposa y a sus nueve hijos.

Óscar era el más joven de ellos: Su nombre real era Alfredo Castañeda.

Peccerelli, Aura Elena Farfán y otros investigadores armaron una conversación en video entre los dos sobrevivientes.

Óscar pudo ver a su padre a través de la pantalla de la computadora. Castañeda era un hombre larguirucho, de 70 años, con un sombrero vaquero. Su rostro evidenciaba décadas de trabajo, soledad y tristeza.

Los investigadores habían tomado muestras del ADN de Castañeda, pero nunca le contaron sus sospechas sobre quién era Óscar. Cuando tenían la certeza y decidieron contarle, llevaron a un médico por si las dudas. Una de las investigadoras de derechos humanos acercó la silla del hombre a la suya y se inclinó.

“Le voy a contar algo”, le dijo. “¿Conoce a esa persona? Al tipo que aparece en la pantalla”.

“No, no tengo idea de quién es”, contestó Castañeda.

“Es su hijo”.

Castañeda se quedó pasmado. Su reacción fue más bien triste y de desconcierto que de alegría. El grupo se junto alrededor de él, mientras el viejo se tomaba un trago de licor.

El padre miraba la pantalla sin dar crédito. Intentó comparar el rostro del hombre a cuatro mil kilómetros de distancia con el del niño regordete y pequeño que recordaba. Mientras los demás miraron con lágrimas en los ojos, Castañeda llamó a su hijo por su verdadero nombre.

“Alfredito”, le dijo. “¿Cómo estás?”

La conversación era emotiva e incómoda. Óscar no sabía qué decir. Castañeda le preguntó si recordaba que le faltaban sus dientes delanteros cuando era pequeño. El joven le dijo que lo recordaba. Pasaron tiempo sólo mirándose uno al otro.

Padre e hijo hablaron de nuevo por teléfono y por Skype. Pronto, se encontraron hablando cada día, conociéndose más, llenando las tres décadas que pasaron separados.

La familia del teniente estaba igualmente sorprendida, pero no tenían rencor aparente. Invitaron a Castañeda a visitarlos a Zacapa y se maravillaron al ver la semejanza entre el viejo y el hombre que conocían como Óscar. Castañeda se unió a una barbacoa que organizaron los Ramírez. En fotos que la familia le envió a Óscar su padre lucía años más joven.

Castañeda quedó destrozado por la pérdida de su familia. Tras la masacre, se refugió en una choza en la selva. Nunca se volvió a casar y bebió tanto como una persona puede llegar a beber.

“Pensé que podría ahogar mis penas, pero no se puede”, dijo Castañeda. “Las penas nadan”.

La nueva y profunda relación de Óscar con su padre lo llevó a otro mundo. Tuvo mucho que pensar. Aunque hablaba fácilmente de algunos temas –el trabajo, el fútbol, la vida como un inmigrante indocumentado– le tomó un gran esfuerzo abrirse a las maravillas y traumas de ese año pasado.

La persona con la que pudo hablar sobre el tema fue Ramiro, el otro sobreviviente raptado. Tuvieron largas charlas por el teléfono. Se hacían preguntas sin respuesta.

¿Por qué los soldados les habían perdonado la vida?

¿Qué clase de hombre asesina familias pero decide salvar y criar a un niño?

Durante las dictaduras en Argentina y El Salvador, el robo de infantes de familias de izquierda se volvió un tráfico organizado y a veces rentable. Por su ideología, los secuestradores querían eliminar otra generación de futuros subversivos, raptándolos y vendiéndolos a familias de derecha.

En Guatemala esos crímenes eran más oportunistas y menos sistemáticos. Los investigadores oficiales estimaban que los militares habían secuestrado a más de 300 niños durante la guerra civil. En una sociedad pobre y rural, la historia de Ramiro de maltratos y abusos, era algo común.

La experiencia de Óscar resaltaba porque su familia le había tratado bien. Los investigadores piensan que el teniente lo llevó a su casa para darle el gusto a su madre, quien se quejaba de no tener un nieto.

Óscar finalmente entendió que su padre “adoptivo” supervisó los asesinatos de sus hermanos y de su madre. Leyó sobre los horrores ‘medievales’ de la masacre. Se dio cuenta de que una foto en el álbum del teniente con soldados posando con un aparente prisionero atado—mostraba una escena que pudo ser igual que la del “guía” asesinado después de Dos Erres.

Sentado en la mesa de la cocina, examinó tranquilamente el álbum de fotos. Pensó en dos hechos: El teniente lo había salvado y la familia Ramírez lo había tratado como uno de los suyos.

“Aún es un héroe para mí”, dijo Óscar. “Lo veo de la misma forma como lo hacía antes”.

Y de repente: “Él estaba en el ejército, allí te dicen cosas y tienes que hacerlas. Especialmente en tiempos de guerra, aunque no quieras”.

Para los investigadores, Óscar se había convertido en un poderoso testigo al que había que proteger. Peccerelli lo ayudó a encontrar a un importante abogado estadounidense. Scott Greathead, un socio de la firma Wiggin and Dana en Nueva York tenía una trayectoria de activismo en derechos humanos en Latinoamérica por las ultimas tres décadas. Entre sus casos más importantes, Greathead representó a familias de monjas de EUA que fueron violadas y asesinadas por soldados salvadoreños en 1980.

Greathead y sus colegas en Boston compilaron una demanda en busca de asilo político para Óscar en EUA, bajo los argumentos de que sería un objetivo potencial si volvía a Guatemala.

“Hay gente”, dijo Óscar, “que no quiere desenterrar el pasado”.

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Publicado el Viernes 25 de mayo, 2012 a las 22:31 | RSS 2.0.
Última actualización el Miércoles 06 de junio, 2012 a las 18:19

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