Columna de reporteros

Gustavo Gorriti, director de IDL-Reporteros (Foto: Christian Osés).

 

 

Reproducción de la columna ‘Las Palabras’ publicada en la edición 2227 de la revista ‘Caretas’.

 

Qué pasó en Kepashiato

 

La incursión senderista en Kepashiato, desde la madrugada del lunes 9, mantiene un dramático suspenso a la hora de escribir esta nota, pues los rehenes aún no han sido liberados. A la vez, un primer y somero análisis de la incursión muestra hechos reveladores desde varias perspectivas.

He tratado de conseguir la mejor información posible en la fluida y confusa circunstancia actual, y se las presento, expeditivamente ordenada, para que tengan, lectores, una visión mejor y más profunda de lo que sucede en el VRAE y sus extramuros silvestres.

La incursión senderista en el distrito más rico del Perú, Echarate, fue hecha sin ningún apuro por la columna de alrededor de 40 senderistas. Empezó apenas pasadas las tres de la mañana, cuando los subversivos interceptaron y capturaron varias camionetas de las empresas Skanska  y San Diego. Poco después ocuparon el pueblo de Kepashiato y retuvieron a los trabajadores y funcionarios de Skanska y San Diego que habían encontrado antes, así como a los que llegaron después.


HACIA las siete de la mañana, los senderistas habían reunido a unas 200 personas en el pueblo, mientras convocaban al alcalde, Rosalío Sánchez, quien, según parece, consideró que era mejor estar lejos que cerca. Los senderistas, armados con fusiles AKM, Galil, FAL y por lo menos un RPG, dijeron haber recibido quejas contra los funcionarios de Skanska y Coga por parte de los pobladores.

Poco después de las ocho de la mañana, cinco horas después del inicio de la ocupación, los senderistas se retiraron de Kepashiato, llevando consigo al teniente gobernador, Óscar Guillén y los funcionarios de Skanska y Coga.

El grupo incursor dejó un ‘pronunciamiento’ manuscrito que, junto con las divagaciones ideológicas presentaba el asunto de fondo, que transcribo en lo relevante sin cambiar en nada su chirriante ortografía original:

“Srs. De la empresa transnacional Consorcio Camicea TGP (transportadora de Gaz del Perú), el militarizado justo y correcto Partido Comunista del Perú […] no está en contra de sus intereses y sus propiedades y respetamos los contratos desididos con los pueblos originarios”.

Para que no hubiera duda, el “pronunciamiento”, luego de un par de párrafos a medio camino entre la interpretación y la arenga, finalizaba en forma pragmáticamente explícita:

“Finalmente, el partido fiel a su política de Frente Unido Democrático de respetar integralmente sus intereses y propiedades de los grandes consorcios, como el Gaz de Camisea, Campo Armiño, consorcios turísticos y otras inversiones, seán dentro de la base de apoyo o en cualquier región de nuestro Perú…” decía ser “… consiente que la burguesia siempre tratará […] para que sus esbirros aniquilen al Partido la revolución […] [pero los] bombardeos de aviones, son cacas de gaviota, los roketeos de los helicopteros son caquitas de culibri y cuanto más nutrido sea esto nos educan y nos preparan para las batallas por venir”.

Las metáforas escatológicas en la última parte del mensaje parecían referirse a las operaciones que llevaba a cabo la Fuerza Armada en esos días en la zona de selva del Mantaro, en cuyo desarrollo había perdido la vida el teniente EP Manuel Delgado Nauca Pero la parte previa era nada menos que correspondencia comercial. En la zona más importante para el abastecimiento energético del Perú, el Sendero del VRAE hacía saber su interés de hacer negocios, de fomentar la inversión para participar en ella.

En el fondo, no había nada nuevo en eso. En las tres o cuatro entrevistas que ha dado el Sendero del VRAE (la que hizo el periodista Jaime Pacheco en 2004; la de Martín Arredondo y Roy Espinoza en 2009; la de Fernando Lucena en 2011), sus dirigentes se han esforzado en indicar que ellos no solo toleran sino alientan las inversiones en los territorios que ocupan o transitan.

“El drama de Kepashiato permite observar la realidad y dejar de lado las habituales caricaturas sobre la compleja situación del VRAE”.

En 2003, días después del secuestro de casi sesenta funcionarios de Techint en el campamento de Toccate, los senderistas los devolvieron salvos y enteros. A partir de entonces, no hubo problemas ni con Techint ni con el gasoducto, pese a los no infrecuentes encuentros en la puna entre grupos senderistas y técnicos de Techint. Todo indica que hubo un acuerdo de coexistencia que Sendero, siempre atento a los negocios, encontró aceptable.

¿Por qué entonces la incursión a Echarate y el secuestro de funcionarios? Es que Techint se va y entran nuevas compañías. Nueve años después, el caso de Toccate se repite con algunas variaciones.

De un lado, ha habido quejas y conflictos en Echarate con las nuevas empresas, especialmente Skanska. Desde la segunda quincena de marzo, los trabajadores de esta compañía y Coga se habían declarado en huelga. Sendero utilizó esta protesta como uno de los pretextos para su acción.

Pero un mensaje anexo al “pronunciamiento” expresaba requerimientos nada retóricos: Sendero exigía 10 millones de dólares, 10 rollos de cordón detonante, 500 fulminantes eléctricos, mil fulminantes comunes, 10 cajas de dinamita. Luego, una ‘cuota anual’de un millón 200 mil dólares y, como yapa, equipamiento deportivo para 500 personas.

Para negociar estas demandas, Sendero pidió, sin variar su ortografía, que “Nos dén un número séa, celular, Radio de comunicación, Para Poder reportarnos”.


DE todos modos, al retirarse de Kepashiato, dejaron, según fuentes confiables, la frecuencia 6533 con el indicativo ‘Santa Lucía’, para que los funcionarios de Skanska se comunicaran con ellos.

Hasta llegar a un acuerdo, advertía el mensaje, no debía haber presencia militar o policial en la zona. En cambio, “una vez que se cumpla y difina los acuerdos, los reenes sanos y salvos retornarán a sus labores”. Además, en cuanto al trabajo, “una vez difido este acuerdo, de nuestra Parte va a ser difinitivamente respetado”.

Si la redacción y la ortografía denotan poca preparación idiomática, en lo militar sucedió exactamente lo opuesto. Durante el mes anterior hubo varias acciones senderistas en La Convención y muchos avistamientos de grupos senderistas en la parte sur del VRAE. Según expertos de las fuerzas de seguridad, todo indica que ‘Gabriel’, el más joven entre los Quispe Palomino, fue reforzado, luego de un largo desplazamiento, por ‘Alipio’, el más importante mando militar de SL-VRAE.

Entonces, el drama de Kepashiato permite observar por un momento la realidad y dejar de lado las habituales caricaturas sobre la compleja y vulnerable situación del VRAE.

No se trata solo de los problemas de contrainsurgencia en una zona agreste, donde la economía del narcotráfico se extiende horizontalmente al lado de una gran pobreza. Ni se trata tampoco solo de los desafíos tácticos que plantea un enemigo que conoce íntimamente el territorio y que ha mejorado a través de los años su capacidad de seguir sin ser vistos, de usar francotiradores en el bosque o cerca de las bases.

Se trata también de que este grupo está apostado sobre el corazón energético del Perú, y que si ha sacado antes un provecho significativo de esa posición, todo indica que ahora, a partir de Kepashiato, buscará renovar y acrecentar esa amenazante ventaja.

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Publicado el Jueves 12 de abril, 2012 a las 18:00 | RSS 2.0.
Última actualización el Lunes 16 de abril, 2012 a las 11:56

2 comentarios

  1. [...] Lea la columna completa en IDL-Reporteros. [...]

  2. [...] se trata ante una nueva forma de lucha armada que combina política, secuestro y negocios. Véase http://idl-reporteros.pe/2012/04/12/columna-de-reporteros-74/. El interés es controlar zonas estratégicas que proporcionen bases territoriales no para hacer la [...]

Web por: Frederick Corazao