Sin control, gigantes pesqueros diezman el Pacífico Sur

El stock de jurel ha disminuido un 90% en sólo 20 años en unas aguas meridionales donde antes abundaba el pescado. Este hecho presagia una catástrofe de alcance global. Los barcos más potentes del mundo compiten por capturar lo poco que aún queda en esos mares.

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Un miembro de la tripulación de la nave Achernar en medio de una carga de jurel (Foto: Mort Rosenblum)

¿Salvar a los peces o a la industria?

Roberto Cesari, jefe de la delegación de la en la SPFRMO, que se reúne la semana próxima, manifestó al ICIJ que espera que la convención se ratifique en 2013, no antes. En ese caso, esto sucedería después de siete años de un vertiginoso deterioro del stock de jurel.

La SPFRMO recortó las cuotas voluntarias en un 40 por ciento para 2011. Sin embargo, China, entre otros países, no aceptó el acuerdo. A posteriori Pekín acordó reducirlas en un 30 por ciento.

Cesari apuntó que la UE intenta ejercer presión para alcanzar un necesario consenso o para resolver el conflicto, pero su influencia es limitada. “Hemos venido expresando oficialmente nuestra decepción a China o Rusia, pero como puedes entender, estos no son actores menores en el mundo… Son gigantes”, admitió Cesari.

Bill Mansfield, un abogado neozelandés que preside la SPRFMO desde 2006, manifestó que las restricciones voluntarias no han protegido las poblaciones de peces, por lo que ha llegado el momento de que la convención entre en vigor. Recalcó que la reunión de Santiago debería limitar las capturas de 2012 a 390.000 toneladas o menos. “La realidad es que todos necesitan tomarse en serio las restricciones si quieren que esta especie regrese”, dijo al ICIJ sin mencionar el nombre concreto de ningún país que haya obstaculizado la adopción de reducciones drásticas.

Los funcionarios públicos evitan señalar con el dedo a nadie, pero dos excéntricos ex marineros que viven enfrascados en sus ordenadores en islas diminutas situadas en polos opuestos del mundo ─no se conocen el uno al otro─ no tienen reparos en denunciar los efectos de las grandes flotas subvencionadas. No se conocen, pero su discurso es el mismo.

Gunnar Album vive cerca de la ciudad noruega de Bodø, situada por encima del Círculo Polar Ártico. Desde allí dirige la Fundación TM y hace trabajos de consultoría para The Pew Charitable Trusts*. Cuando no está de viaje en encuentros internacionales, compagina su tiempo entre el cuidado de sus pollos y la llama que tiene para ahuyentar a los zorros y el análisis de datos obtenidos vía satélite para rastrear la actividad de los barcos pesqueros.

Album dice que las ayudas estatales han creado tanta capacidad pesquera que los grandes arrastreros están obligados a pescar lo máximo que pueden para recuperar la inversión realizada.

“Estos buques recorren los océanos en busca de cualquier pescado disponible, originando sobrepesca y ejerciendo una presión insoportable sobre los gobiernos que intentan gestionar los recursos”, afirma Album.

Martini Gotje hace más o menos lo mismo que Album pero desde la idílica isla neozelandesa de Waiheke, cerca de Auckland. Es un expatriado holandés que formaba parte de la tripulación del Rainbow Warrior de Greenpeace cuando fue hundido por los servicios secretos franceses en 1985.

Martini Gotje, activista neozelandés. (Foto: Mort Rosenblum)

Gotje elabora una lista negra de barcos para Greenpeace que ayuda a los ecologistas y a las autoridades. Al igual que Album, critica sobre todo la sobrecapacidad ─que es legal pero devastadora.

Señala que la prioridad debería ser salvaguardar la vida de las especies marinas, no la industria pesquera. “El Lafayette ha subido el listón a un nivel increíble, y Holanda está muy involucrada en ese juego”, señala Gotje. Y concluye: “Hay demasiados barcos, simplemente hay demasiados barcos”.

Al final, argumenta el oceanógrafo Pauly, esta tendencia mundial no cambiará a menos que una gran potencia ─la Unión Europea o los Estados Unidos─ adopte medidas resolutivas. “Alguien tendrá que asumir esa autoridad moral y otros le seguirán”, observa Pauly.

Duncan Currie, abogado medioambientalista residente en Nueva Zelanda que trabaja en la Coalición para la Conservación de los Fondos Marinos, ve en el caso del jurel un buen ejemplo para explicar lo que está sucediendo. Esta especie se agrupa en cardúmenes en áreas marinas bien definidas. Además, no son muchas las flotas que lo persiguen.

Currie concluye: “Hay que plantearse una cuestión obvia, si no podemos salvar esta especie, ¿qué podemos salvar entonces?”.

 

 

 

-Milagros Salazar (Perú), Juan Pablo Figueroa Lasch (Chile), Joop Bouma (Holanda) e Irene Jay Liu (Hong Kong) han colaborado en la redacción de este artículo.

-El Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación es una red independiente de reporteros de investigación que colaboran en proyectos transnacionales. Forma parte del Centro para la Integridad Pública, una organización sin fines de lucro dedicada al periodismo de investigación.

*En el pasado, el ICIJ recibió una ayuda económica de The Pew Charitable Trusts.

 

(Ver versión en inglés publicada en el ICIJ)


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Publicado el Miércoles 25 de enero, 2012 a las 2:13 | RSS 2.0.
Última actualización el Lunes 20 de febrero, 2012 a las 20:02

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2 comentarios

  1. [...] continuación te presentamos el reportaje publicado en la página web de IDL-Reporteros: TALCAHUANO (Chile) — Eric Pineda se asomó a la bodega del Achernar y sólo vio diez míseras [...]

  2. [...] IDL – Reporteros en alianza con el Centro de Investigación Periodística (CIPER), de Chile, publicaron en sus respectivos portales web una amplia investigación sobre los perjuicios que ocasionan los gigantes pesqueros al stock de jurel en el Pacífico Sur. [...]

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Web por: Frederick Corazao