Columna de reporteros

Gustavo Gorriti, director de IDL-Reporteros (Foto: Christian Osés).

 

Reproducción de la columna ‘Las Palabras’ publicada en la edición 2211 de la revista ‘Caretas’.


El nuevo gabinete, el endémico VRAE

 

No tengo todavía la información precisa sobre los entretelones del cambio de Gabinete, de manera que prefiero evaluar el proceso externo para ver si hay ahí indicios, huellas o pistas de las acciones futuras de este Gobierno. Y también algunas líneas sobre viejas insurgencias y nuevas amenazas.

Los datos parecen paradójicos. Se ha escrito y hablado sobre una suerte de ‘militarización’ del Gabinete, pero hay una disminución en el número de militares retirados entre los ministros. Lo que más resalta es que los dos ministerios de seguridad: Defensa e Interior han dejado de estar a cargo de militares en retiro. Sus nuevos titulares son civiles.

Pero los nuevos ministros de Defensa e Interior tienen algo en común: ambos trabajaron hasta la semana pasada bajo las órdenes directas del nuevo primer ministro, Óscar Valdés. Alberto Otárola, de Defensa, fue viceministro del Interior; y Daniel Lozada Casapía, jefe de asesores del mismo ministerio.

El ascenso de ambos parece indicar que ahora tendremos un metaministro de seguridad, Óscar Valdés, con dos de sus subordinados de confianza a cargo de los ministerios de esa área. Algo así como dos viceministros glorificados, que le permitirán a Valdés controlar ambos sectores protegiéndolos de interferencias externas, más de las ácidas que de las dulces.

En el efímero gabinete que dirigió Siomi Lerner, éste no manejó los asuntos de seguridad, que fueron provincia del presidente Humala. Ahora, las cosas parecen haber cambiado sustantivamente. Ya no va a haber uno sino dos comandantes en retiro a cargo del gobierno en general, de la seguridad en particular y de la protección de la Democracia por añadidura.

¿Es la condición de comandante retirado determinante en Valdés? Por lo que sé, no. Como militar, Valdés fue asertivo, competitivo, y siguió siéndolo como civil. Es un individuo alfa que va a mantener un liderazgo directo y marcado en el gabinete, especialmente en el área de seguridad.

"Gobernar para la gente y, en lo que se pueda, con la gente, no debe retraer el crecimiento sino mejorarlo".

 

CONOCÍ a Daniel Lozada Casapía hace más de treinta años, casi una vida atrás, cuando ambos éramos agricultores, en los tiempos del Frente de Defensa del Agro Arequipeño, la organización de pequeños y medianos agricultores que logró parar en seco las fiebres confiscatorias de la reforma agraria de Velasco y Morales Bermúdez y no permitió que se expropiara ni un centímetro cuadrado en Arequipa. Pese a ese logro colectivo, mi recuerdo de Lozada Casapía es el de alguien mucho más dispuesto a la conciliación que a la confrontación. Claro que nada impide haber tomado lecciones de Bushido por correspondencia en el ínterin, pero no parece el caso.

Vamos a tener un Gabinete mucho más jerarquizado que el anterior, pero creo que el estilo va a ser antes el de la corporación que el de la milicia. Unos ministros se van a adaptar mejor que otros  y resta por ver cuáles serán los márgenes de tolerancia para aquellos que no logren desprenderse del todo del estilo de discusión y debate del gabinete Lerner.

¿Significa eso que nos encaminamos a un gobierno que marche con la Confiep marcando el paso? No es imposible, pero lo dudo. Encuentro explicable que el presidente Humala tema una avalancha de desorden social por un desembalse de expectativas, frustraciones y protestas. Eso, y el temor a un contagio retractivo en las inversiones son reacciones comprensibles en un presidente todavía novato en el manejo del poder y cuya noción de control y eficiencia está vinculada con las manifestaciones visibles de la disciplina. En esto sí que el pasado militar es determinante.

Pero no me parece que la preocupación (exagerada, a mi entender) de no perder el control del gobierno provoque una metamorfosis que lo convierta en una versión dietética de Alan García. Renunciar a la posibilidad de ser el Presidente que extienda la ciudadanía democrática a todas aquellas mayorías que hasta ahora no han tenido otra voz que la del grito, el desengaño, la protesta, sería un error imperdonable. Gobernar para la gente y, en lo que se pueda, con la gente, no debe retraer el crecimiento sino mejorarlo.

Uno no puede hacer todo lo que prometió en la campaña, sobre todo si algunas promesas sufrieron sensibles variaciones en el tiempo. Pero un Presidente que quiera a su pueblo no debe olvidar lo que aprendió entonces ni las promesas fundamentales, no sujetas a variación, que surgieron de ese aprendizaje.

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¿A cuál de los enemigos que usted tuvo ha respetado y respeta más? pregunté a ‘Artemio’, el veterano jefe senderista del Huallaga, en la entrevista publicada en IDL-Reporteros y en Caretas 2210.

‘Artemio’ pensó un rato antes de responder. “Benedicto”, dijo finalmente.

También me dijo luego que extendía un respeto parecido a otro de los tres dirigentes del GEIN, que luego lo enfrentó en el Huallaga, el general PNP (r) Luis Valencia Hirano.  “Hay que saber perder” concluyó ‘Artemio’, “no por ser tu enemigo lo vas a denigrar. No señor, hay que saber respetar, valorar [aunque esté] en el campo enemigo”.

La victoria no ha sido generosa con el coronel PNP (r) Benedicto Jiménez y los veteranos del GEIN, pero el respeto renuente de los vencidos senderistas al pequeño grupo que los desbarató, subraya la importancia decisiva que tuvo esta unidad providencial en cambiar la suerte de la guerra entre 1990 y fines de 1992.

El próximo año se cumplirán veinte de la histórica captura de Abimael Guzmán, pero en lugar de celebrar una victoria lejana en el tiempo, se debería estudiar, revisar y adaptar con cuidado los principios, métodos y procedimientos del GEIN a la circunstancia actual.

Porque si bien en el Huallaga, ‘Artemio’ trata de llegar a un acuerdo con el Gobierno para deponer las armas, en el VRAE no se ha logrado progreso real en la lucha contra la facción senderista que dirigen los hermanos Quispe Palomino y ‘Alipio’.

HACE un año, el saliente jefe del Comando Conjunto, general EP Francisco Contreras, sostuvo que los senderistas del VRAE habían sido arrinconados, de un espacio de 45 mil kilómetros cuadrados, a uno de apenas 4 mil 500 metros cuadrados. Dijo además que la batalla final contra SL-VRAE se iba a dar en San Martín de Pangoa.

Nada de eso sucedió en la realidad. El SL-VRAE perpetró acciones tan al sur del Valle como la emboscada de Choquetira, en la segunda vuelta electoral y otra muy reciente (en la tarde del 12 de diciembre) en Tutumbaro, cerca de Santa Rosa, Ayna y Machente, donde murió el técnico EP Leoncio Mendoza y quedaron cinco heridos. En la noche de ese día, fue herido de bala un operador electrónico en uno de los helicópteros que sobrevolaba el área en vuelo nocturno.

Aunque no parece que se haya dado un marcado deterioro en la situación de seguridad, lo cierto es que tampoco puede registrarse un avance en el VRAE, pese a los esfuerzos de la FFAA.

Así que, con el cambio de comando en el VRAE debería haber también un cambio fundamental en la manera de enfrentar a SL-VRAE y no solo en equipamiento.

Lo fundamental, en mi concepto, es rescatar, aplicar y adaptar la doctrina del GEIN a la guerra en el VRAE. Es verdad que hay muy poco de común entre el escenario urbano en el que se movió el GEIN y las abruptas montañas boscosas del VRAE, pero los principios son aplicables por igual.

El GEIN tradujo el conocimiento profundo de Sendero en acciones de inteligencia operativa que, con un mínimo de violencia, desbarataron a Sendero. Y el mismo método: conocimiento profundo, inteligencia eficaz, operaciones precisas, se aplica a la calle y la montaña.


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Publicado el Jueves 15 de diciembre, 2011 a las 23:09 | RSS 2.0.
Última actualización el Jueves 19 de enero, 2012 a las 19:46

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