Por Gustavo Gorriti.-
El viaje del presidente electo Ollanta Humala a Estados Unidos, es una buena ocasión para relatar cómo evolucionó su relación con el gobierno estadounidense. Por fortuna, se trata de uno de los temas que los Wikileaks documentan mejor, junto con los archivos Bigwood, también consultados para este reportaje.
Ollanta Humala ha concitado la atención de la Embajada de Estados Unidos desde noviembre del año 2 mil, cuando un cable de la Embajada anunció que el motín de Locumba perdía fuerza pero se mantenía:
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A partir de entonces, el nombre de Ollanta Humala es mencionado cerca de 650 veces en la colección de wikicables sobre el Perú.
Un cable del 15 de noviembre de 2005, firmado por el embajador Curtis Struble y clasificado como confidencial por el entonces consejero político, Alexander Margulies, resume su evaluación política de Humala en los siguientes términos: “Humala fintea al centro pero continúa coqueteando con la extrema izquierda”.
El cable examina, con un tono de desconfianza que permeará casi todos los reportes diplomáticos sobre Humala, las declaraciones y los signos de moderación de éste, además de los deslindes que hizo entonces respecto de su hermano Antauro y, específicamente, del ‘Andahuaylazo’.
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El mismo cable indica luego que, pese a su declarada admiración por Chávez, Humala no creía entonces que el Perú debiera imitar la actitud confrontacional de Chávez con Estados Unidos; se había distanciado del ‘etno-cacerismo’ y sus radicalidades y consideraba su propio nacionalismo como inspirado por el de los “franceses bajo la ocupación [alemana, en la Segunda Guerra]”, su principal campo de maniobra se ofrecía en la extrema izquierda y, territorialmente, en el sur del Perú.
En cuanto a sus posibilidades, Struble mencionó entonces que “hay indicaciones que el mensaje de Ollanta pueda lograr tracción” e indica que su carisma de outsider tienta “a fascistas y a marxistas a la vez”.
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Meses después, el 22 de marzo de 2006, un cable secreto de la embajada informó sobre una reunión sostenida siete días antes, entre los embajadores de la Unión Europea, con Ollanta Humala, quien estuvo acompañado por su esposa Nadine y por su entonces nuevo aliado, Salomón Lerner Ghitis.
La información fue proporcionada por el entonces embajador del Reino Unido, Richard Ralph, un diplomático inteligente y dinámico –que habría luego de tener importantes problemas (incluida una sólida multa) en su país por sus acciones en favor de la minera Majaz cuando se jubiló de la diplomacia–. Ralph reportó su encuentro al embajador de Estados Unidos y la de Canadá, con un detalle que revela la ansiedad informativa de unos y otros en esos meses.
Según Ralph, aunque Humala reiteró los puntos de su programa político, “sorprendió a los embajadores de la Unión Europea con la impresión de ser más razonable y no carismático [sic] de lo que habían esperado”.
En la conversación que reportó Ralph, Humala calificó a Estados Unidos como “un socio importante, con el que esperaba trabajar cercana e intensamente, pero añadió que no quería poner todos los huevos en una sola canasta”.
En cuanto a la coca, Humala dijo a los embajadores europeos que él tendría “una posición de cero tolerancia hacia el narcotráfico. Su enfoque sería el de control de los precursores químicos e interdicción aérea y marítima. Humala afirmó que el Perú necesita un fuerte programa de sustitución de cultivos y dijo que trataría de lograr la ayuda de Estados Unidos y la Unión Europea para identificar nuevos mercados legales para la coca”.
Poco después, el 5 de abril de 2006, cuando Humala encabezaba ya las encuestas, Struble escribió un cable basado en el reporte que le dio la entonces embajadora de Canadá, Genevieve Des Rivieres sobre un encuentro entre Humala e inversionistas canadienses que ella había organizado el 30 de marzo de 2006. La impresión de Des Rivieres fue que pese a que Humala tenía una comprensión superficial de asuntos de inversión y comercio, “siempre habló de hacer las cosas dentro de la ley (…) la embajadora Des Rivieres indicó que nada de lo que dijo Humala la llevó a suponer que éste gobernaría en forma autoritaria”. Eso era algo con lo que Struble no parecía estar de acuerdo, mencionando el reporte del consejero canadiense de asuntos económicos, cuyo punto de vista era notoriamente más pesimista, sobre todo por la falta de conocimiento de Humala sobre convenios de inversión y comercio.
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