Columna de reporteros

Gustavo Gorriti, director de IDL-Reporteros (Foto: Christian Osés).



Reproducción de la columna ‘Las Palabras’ publicada en la edición 2181 de la revista ‘Caretas’.


La candidata 117

Todos cambiamos a lo largo de la vida. Cambia nuestro cuerpo con los años (ocasionalmente con los meses), cambia nuestra mente y a veces cambia el alma también. Pero, igual que con la gente, no todos los cambios son iguales y algunos sí que son espectaculares. Ante ustedes, señoras y señores, el caso de Martha Meier Miró Quesada.

¿Quién se esperaba la súbita conversión de Martha Meier a la causa de los derechos humanos? …  ¿Que me equivoco? Disculpen, pero ¿no leyeron la columna de Martha Meier la semana pasada?

En ese artículo, (“¿A quién mató Humala en combate?”) Meier se lanza en polémica contra mí, y también contra Gustavo Mohme Seminario, Edmundo Cruz, Rocío Silva Santisteban y Carlos Basombrío. Citando lo que escribimos o dijimos hace cinco años para volverlo hoy contra nosotros –un jiu-jitsu retórico bastante primario pero que no deja de ser legítimo como recurso de debate–, Meier nos increpa el haber supuestamente soslayado la investigación por el caso ‘Madre Mía’. Nos zahiere por una presunta falta de consecuencia en la lucha por los Derechos Humanos, con la misma severidad con que un jacobino acusaría a un girondino, un zelote a un fariseo, o una guardia roja a Deng Hsiao-ping.

Para que no quede duda sobre su actual radicalidad, cita escandalizada a Ollanta Humala cuando éste dice que nunca ha “…matado fuera de combate”. La reacción de Meier termina así: “… este ex soldado del montesinato mató en combate”.

¿Dijo ‘montesinato’? ¿Martha Meier llama ahora así al gobierno de 1990 al 2000, en el que Fujimori y Montesinos compartieron responsabilidades, robos, muertes y tropelías?

Fue tan inesperada la conversión que ese mismo día Carlos Rivera, el veterano y diestro abogado que ha defendido en innumerables litigios a víctimas de violación de derechos humanos, escribió en su twitter con casi extático alborozo:  “Qué alegría..!! Martha Meier MQ se ha transformado en una tenaz defensora de los DDHH..!! Ahora sí le interesan las víctimas”.

Es que uno emprende el camino de Damasco desde diversos lugares y a diversas velocidades. En el caso de Meier, su jornada pública empezó como la candidata 117.

 

EN el año dos mil, en el fraudulento esfuerzo de re-reelección del montesinato que a la postre llevaría a su derrocamiento, Martha Meier postuló como candidata al Congreso por, precisamente, el partido del montesinato, en la campaña organizada, dirigida y supervisada por el SIN.

¿Cómo llegó al puesto 117 en la lista del montefujimorismo? En una entrevista publicada en la revista Gente el 29 de marzo del dos mil, Meier lo contó:

“Recibí –dijo Meier–  la invitación de una persona que yo respeto y admiro por su entereza, firmeza y valentía para decir las cosas, es la doctora Martha Chávez. Yo lo consideré un honor”.

Una foto en la nota lo confirma. Abrazadas como para sugerir un vínculo siamés, posan sonrientes las dos marthas, retratadas con el estilo gráfico inaugurado por los siameses del SIN, Alberto y Vladimiro, en aquella notoria entrevista que transmitió el canal 4.

Era el período de la más nauseabunda prensa basura del SIN, de canales y radios controlados, de diarios sometidos, de congreso tribunales, cortes y fiscalias avasallados por la instancia suprema de ese régimen: el SIN, verdadero politburó de Fujimori y Montesinos.

Eran los años en los que Montesinos se había convertido, para todo efecto práctico, en el mayor director de medios en la historia del Perú. Los controlaba por fax, por billete, por perdón de pecados descubiertos o por implícita amenaza, bajo las órdenes de Alberto Fujimori, el tirano que aspiraba a cumplir quince años en el poder y, si daba el físico, otros quince más después.

Y en ese tiempo, la opinión de Martha Meier sobre Fujimori era la siguiente: “Lo admiro sinceramente por la enorme responsabilidad y valentía que tiene para resolver los problemas del país”.

Cuando le preguntaron si existía o no libertad de prensa en el país, Meier dijo:

“Sí, existe plena libertad de prensa, lo estamos viendo con todo lo que se dice. Existe libertad de prensa para los que tienen el control, que son los dueños, ellos manejan el mensaje. Creo que todos los sectores de esta contienda se ven representados totalmente”.

En ese tiempo, en medio de todos los canales televisivos envilecidos y prostituidos, un pequeño canal de cable pugnaba por abrir un túnel de luz informativo en medio de la maleza tóxica de la prensa corrupta. Era el canal N, una de cuyas más tenaces productoras, Patricia Montero, iba a sufrir, once años después, la purga de la escudera de Martha Chávez cuando entró ahí para hacer lo que no pudo Montesinos: convertir a canal N en el CCN de 2011.

Es que once años después de formar en las filas del montefujimorato, la candidata 117 logró convertirse en la directora de facto de El Comercio, dado que el director formal demostró vocación de graffiti: estar pintado en la pared.

Así que los antecedentes de Martha Meier me impiden compartir del todo la alegría de Carlos Rivera.

Pero sus fintas polémica sí merecen una respuesta en tanto utilizan un recurso de debate que no por elemental deja de ser legítimo.

Le respondo, entonces.

¿Mencioné yo y varios de los periodistas que Meier cita, el caso ‘Madre Mía’ en 2006? Sí. Claro que lo mencionamos.

¿Es un caso que debía ser más investigado aún? Sí. Por supuesto. ¿Y que debía ser judicializado? Sí, también.

La noticia es que el caso sí fue judicializado.

Entre el 2006 y el 2011 el caso Madre Mía pasó por todas las instancias. El 2009, el fiscal superior, Víctor Cubas Villanueva se pronunció por su archivamiento provisional.

La Sala Penal Nacional decidió también archivar el caso provisionalmente. Después, la Corte Suprema ratificó el fallo.

Pese a ello, el caso fue reabierto este año por una fiscalía. Hubo acusaciones de arbitrariedad, y la persona que salió a apoyar a Humala, fue la candidata Keiko Fujimori. “No me parece adecuada esa investigación en medio de una campaña electoral. No me parece justa”, dijo. En cambio, fue la Coordinadora de Derechos Humanos la que impulsó ese proceso ¿Qué dice a eso Meier? ¿Quién debiera sonrojarse?

El hecho es que el caso fue judicializado y examinado con mucho mayor detalle que, por ejemplo, los casos, comparativamente mucho más graves, en los que está involucrado el presidente Alan García. ¿Debe exonerarse a uno o a otro, o a los dos, de un prolijo proceso judicial en los casos que les conciernen? Claro que no.

 

EL hecho es, sin embargo, que en cada elección general que ha tenido el Perú desde que se derrocó a la mafia fujimorista, hemos tenido que elegir el mal menor en una curiosa posta. El 2001 elegimos a Toledo para impedir la elección de Alan García. El 2006 elegimos a García para prevenir la elección de Ollanta Humala. Ahora, el 2011, apenas dé las garantías que esperamos de él, debemos elegir a Ollanta Humala para prevenir la elección de Fujimori.

En perspectiva, ¿debió ser elegido García el 2001? De ninguna manera. ¿Debió ser elegido Humala el 2006? Tampoco. ¿Maduró García entre el 2001 y el 2006? En cuanto a manejo económico, sin duda. Y, en contrapeso a sus colosales características negativas, mantuvo la democracia. ¿Maduró Ollanta Humala entre el 2006 y el 2011? Claro que sí. Cuando jure lealtad a la Democracia, ¿habrá que votar por él? Sin duda.

En esta elección, Fujimori representa el retorno de la mafia al poder dictatorial. Hay solo una manera de prevenirlo: el voto por Humala.

Tras el voto debe empezar una constante fiscalización. No queda del todo claro quién fue el primero en decir que “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”, pero sabemos que no fue la candidata 117.



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Publicado el Jueves 19 de mayo, 2011 a las 18:20 | RSS 2.0.
Última actualización el Martes 24 de mayo, 2011 a las 13:58

Un comentario

  1. [...] de la dictadura, quedó inmortalizada en sus propias palabras y sus propias acciones (ver: “La candidata 117” en Caretas [...]

Web por: Frederick Corazao